Archivo por meses: octubre 2016

Acogeré Tu don por él. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Lucas 14, 12-14

EVANGELIO
No invites a tus amigos, sino a pobres y lisiados

Lectura del santo evangelio según san Lucas 14, 12-14
En aquel tiempo, dijo Jesús a uno de los principales fariseos que lo había invitado: «Cuando des una comida o una cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a los vecinos ricos; porque corresponderán invitándote, y quedarás pagado. Cuando des un banquete, invita a pobres, lisiados, cojos y ciegos; y serás bienaventurado, porque no pueden pagarte; te pagarán en la resurrección de los justos».

Palabra del Señor.

Acogeré Tu don por él.
(Nota: Se hace uso genérico del masculino para designar la clase sin distinción de sexos.)

Señor, cada vez nos lo dejas más claro. Tus caminos son contrarios a los nuestros. Cuántas veces nos han preguntado los esposos: Ya, eso de entregarse está muy bien pero ¿Y si el otro no me responde? Nos cuesta tanto decidirnos a darlo todo por un amor que no es correspondido… Detrás de cualquier buena intención de entregarme por amor está esa coletilla de “¿Y quién mira por mí?”.

Pero hoy el Señor nos anima a amar con Su Amor, un Amor sanador, redentor y lo comparte con nosotros, haciéndonos corredentores, ministros suyos de sanación para el otro. Él ha venido y sigue viniendo a sanar y salvar lo que está herido, perdido. El Señor me dice hoy que ame a mi esposo precisamente en esos momentos en los que no va a agradecer mis esfuerzos porque no los ve (está ciego), cuando no es capaz de valorarlos o se irrita (está lisiado o herido), cuando no avanza a mi ritmo hacia el amor (está cojo) o cuando le entrego algo que sé que no tiene capacidad para devolverme (es pobre). ¿Recoger cuando él no recoge? ¿Servirle cuando nunca dice gracias?… en eso me quiere Dios ¿me encontrará con el corazón abierto para acoger Su don en nombre de los dos?

Bueno, esto es durísimo, porque choca frontalmente contra mi orgullo, cuesta y duele porque creo que las cosas deberían ser diferentes. Pero Tú Señor, me pides que lo haga por amor a ti y por amor a mi esposo. Como dice San Pablo en la primera lectura: “No hagáis nada por ambición o vanagloria, antes con humildad…” (Flp. 2,3). Es duro, pero aunque me cueste creerlo, es lo que llena la vida. Como dices en el Evangelio: “Serás bienaventurado”. Tú lo haces todo nuevo. Confío en Ti.

Madre:
No quiero amar y no ser amado. Es demasiado difícil para mí. Pero hoy entiendo que si amo a mi esposo, deseo su felicidad. Mi amor por ti y mi amor por mi esposo, merecen que yo me entregue. Gracias Señor por permitirme participar de Tu amor. Alabado seas por siempre.

4 veces más. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Lucas 19, 1-10

EVANGELIO
El Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 19, 1 – 10
En aquel tiempo, Jesús entró en Jericó e iba atravesando la ciudad.
En esto, un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico, trataba de ver quién era Jesús, pero no lo lograba a causa del gentío, porque era pequeño de estatura. Corriendo más adelante, se subió a un sicomoro para verlo, porque tenía que pasar por allí.
Jesús, al llegar a aquel sitio, levantó los ojos y dijo:
«Zaqueo, date prisa y baja, porque es necesario que hoy me quede en tu casa».
Él se dio prisa en bajar y lo recibió muy contento.
Al ver esto, todos murmuraban, diciendo:
«Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador».
Pero Zaqueo, de pie, dijo al Señor:
«Mira, Señor, la mitad de mis bienes se la doy a los pobres; y si he defraudado a alguno, le restituyo cuatro veces más».
Jesús le dijo:
«Hoy ha sido la salvación de esta casa; pues también éste es hijo de Abrahán.
Porque el Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido».

Palabra del Señor.

4 veces más.
(Nota: Se hace uso genérico del masculino para designar la clase sin distinción de sexos.)

En cualquier encuentro con Jesús hay un antes y un después. En el antes, por muy oscuro que sea, es necesario algo de humildad, para reconocerse pecador. También es importante esforzarme de verdad para poder llegar a ese encuentro.

Zaqueo era recaudador de impuestos, lo que significa que anticipaba una cantidad de dinero al Imperio Romano y todo lo que sacara de más, era para él. De ahí el interés por extorsionar al pueblo, y la mala prensa que los recaudadores tenían entre la gente. Según la ley judía, Zaqueo debía devolver lo que había defraudado, pero Zaqueo decide ante Jesús darles 4 veces más, un signo de que Dios había tocado su corazón. La misericordia de Dios vence con creces a la avaricia de Zaqueo, y es movido a reparar su daño. De eso queríamos hablar hoy, de la reparación.

Nosotros, en nuestro matrimonio, también nos convertimos en auténticos “recaudadores”, exigiendo atenciones, cariño, ayuda, respeto… Pero cuando Jesús toca nuestro corazón, nos arrepentimos y deseamos reparar el mal causado. No basta con pedir perdón al esposo, hay que reparar 4 veces más del daño provocado y así llegará la salvación a nuestra casa. Es el propósito de enmienda que realizamos antes de pedir perdón al esposo. Así, esposo, te digo que, por cada daño que te haya producido, por cada exigencia, por cada gesto desagradable, voy a darte 4 veces más amor. Si alguna vez escatimé en el servicio, voy a servirte 4 veces más. Si te critiqué por tu pecado, voy a rezar por ti 4 veces más. Si fui egoísta, me centraré en darte gusto, 4 veces más…

Madre:
Alabado sea el Señor y Su misericordia, que triunfa a pesar de nosotros. Él nos muestra el verdadero camino del amor. Ese por el que merece la pena vivir… y morir. Bendito sea por siempre el Señor, nuestro Dios. A él gloria y alabanza por los siglos. Amén.

Sin intentar escalar puestos. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Lucas 14, 1. 7-11

EVANGELIO
El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 14, 1. 7-11
Un sábado, entró Jesús en casa de uno de los principales fariseos para comer y ellos le estaban espiando.
Notando que los convidados escogían los primeros puestos, les decía una parábola:
«Cuando te conviden a una boda, no te sientes en el puesto principal, no sea que hayan convidado a otro de más categoría que tú; y vendrá el que os convidó a ti y al otro y te diga:
“Cédele el puesto a éste”.
Entonces, avergonzado, irás a ocupar el último puesto.
Al revés, cuando te conviden, vete a sentarte en el último puesto, para que, cuando venga el que te convidó, te diga:
“Amigo, sube más arriba.”
Entonces quedarás muy bien ante todos los comensales.
Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido».

Palabra del Señor.

Sin intentar escalar puestos.
(Nota: Se hace uso genérico del masculino para designar la clase sin distinción de sexos.)

Cuando Dios me convida a mi boda con mi esposo, para participar de su unión esponsal conmigo, no debo buscar los primeros puestos. Tampoco debo intentar escalar puestos. Es Dios quien decidirá dónde me pone.

Es ese afán de excusarme, para no quedar mal ante mi esposo, lo que me pierde. Esa sensación (peligrosísimas sensaciones, auténticas tentaciones del Diablo) de que estoy siendo rebajado en mi dignidad por lo que me diga mi esposo, por sentirme despreciado, por sentir que no es justo eso que me está diciendo o aquello que debería estar haciendo por mí y no hace… Es esa batalla constante por intentar subir un escalón en mi dignidad para con mi esposo, sentirme mejor valorado, eso es lo que me pierde y mata el amor.

En la medida en que más quiero destacar, peor quedo y más me hundo. Intento colocarme en un puesto superior y lo que hago es caer tan bajo que acabo en el último puesto.

¡No! Yo tengo que hacer como Jesús: Humillarme como Él se humilló haciéndose hombre, niño, pobre… ; lavar los pies, símbolo de esclavitud; obedecer como Él hacía, en todo; jamás defenderme y callar como Él calló; ser despreciado, como Él. ¿Es duro? ¡Durísimo! Sí, porque escuece el orgullo. Pero Él es el Camino y el Amor, y esto es lo que nos enseñó con su vida.

Cuando sigo a Cristo, descubro que duele, pero descubro también que amo. Cuando me encuentro con uno que no admite correcciones, que siempre está intentando quedar bien, que llama la atención, que intenta ser protagonista… ¿No produce rechazo e incluso vergüenza ajena? Y cuando me encuentro con alguien que se humilla, que se pone en último lugar, que está dispuesto a servirme en todo, incluso en lo más bajo, alguien que nunca me replica… ¿No me siento cómodo con él? ¿No da más ganas de amarle?

Pues así, con mi esposo.

María:
Tú nos enseñas que Dios mira Tu humillación. El amor de Dios está con los que se humillan, y éstos son enaltecidos por Él. Madre, limpia mi corazón de esas ganas de llamar la atención, de sobresalir, de ser como Dios. Que yo mengüe para que Él crezca en mí. A Él todo el honor y toda la gloria, por los siglos de los siglos. Amén.

El amor se comunica. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Lucas 6, 12-19

EVANGELIO
Escogió a doce de ellos y los nombró apóstoles

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 6, 12-19
En aquel tiempo, subió Jesús a la montaña a orar, y pasó la noche orando a Dios.
Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos, escogió a doce de ellos y los nombró apóstoles: Simón, al que puso de nombre Pedro, y Andrés, su hermano, Santiago, Juan, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago Alfeo, Simón, apodado el Celotes, Judas el de Santiago y Judas Iscariote, que fue el traidor.
Bajó del monte con ellos y se paró en un llano, con un grupo grande de discípulos y de pueblo, procedente de toda Judea, de Jerusalén y de la costa de Tiro y de Sidón.
Venían a oírlo y a que los curara de sus enfermedades; los atormentados por espíritus inmundos quedaban curados, y la gente trataba de tocarlo, porque salía de él una fuerza que los curaba a todos.

Palabra del Señor.

El amor se comunica.
(Nota: Se hace uso genérico del masculino para designar la clase sin distinción de sexos.)

Pasó la noche orando a Dios. ¡Una noche entera! Cuántas cosas tenéis que hablar y os gusta deciros. El amor se comunica, el Amor está vivo.
En contraposición, me viene a la cabeza esa escena tan triste en la que se ve en un restaurante unos esposos sentados uno frente al otro, sin decirse ni pío, durante toda la cena. Es un silencio que chilla: Indiferencia, heridas, miedos, distancia…

En cambio, en Vosotros, contemplamos nuestro modelo de Amor, Santísima Trinidad ¡toda la noche hablando!
Realmente el amor se comunica, y cuando el amor es infinito, esa comunicación no encuentra el fin, son tantas las cosas que deseas compartir, escuchar…

Cuando los esposos compartimos lo que el Espíritu Santo nos revela desde el mismo Corazón de Dios, nuestra conversación no tiene fin, es un reflejo de Su Corazón infinito.

Hay tanto de qué hablar… de la sencillez, la mansedumbre, la humildad, las bienaventuranzas, los mandamientos, el amor, la fe, la esperanza, la libertad, la voluntad de Dios, el sufrimiento, la alegría, la cruz, el Demonio, la creación, la salvación, el purgatorio, Cristo… y un larguísimo etcétera. Todo esto aplicado a mi vida y a nuestro matrimonio.
Probad a coger cualquiera de estos temas, y veréis cómo no os quedáis nunca callados en una cena. Porque todos son temas para un diálogo en profundidad.

Nosotros solíamos coger las catequesis de San Juan Pablo II sobre el amor humano, y nos daban las tantas… Aun lo hacemos. ¡Cuánto disfrutamos hablando de corazón a corazón!

Discernir todas nuestras dudas y decisiones a la luz del Evangelio, requiere también de mucho tiempo. Cristo, que es Dios, habló toda una noche con el Padre para elegir a sus apóstoles… ¿Cuánto más necesitaremos nosotros hablar entre nosotros y con Dios?

Madre:
En nuestro matrimonio queremos que reine Cristo, y no los espíritus inmundos. No necesitamos tocar Su manto, pues le tenemos en la Eucaristía. A lo mejor, nos falta fe y no percibimos Su fuerza. Aumenta nuestra fe, Madre. Alabado sea el Señor, que llena nuestras vidas y nos comunica Su amor, para que nos lo comuniquemos el uno al otro.

Los dos contra los demonios. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Lucas 13, 31-35

EVANGELIO
No cabe que un profeta muera fuera de Jerusalén

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 13, 31-35
En aquella ocasión, se acercaron unos fariseos a decirle: «Márchate de aquí, porque Herodes quiere matarte.»
Él contestó: «ld a decirle a ese zorro: “Hoy y mañana seguiré curando y echando demonios; pasado mañana llego a mi término.” Pero hoy y mañana y pasado tengo que caminar, porque no cabe que un profeta muera fuera de Jerusalén.
¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que se te envían! ¡Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como la clueca reúne a sus pollitos bajo las alas! Pero no habéis querido. Vuestra casa se os quedará vacía.
Os digo que no me volveréis a ver hasta el día que exclaméis: “Bendito el que viene en nombre del Señor.”»

Palabra del Señor.

Los dos contra los demonios.
(Nota: Se hace uso genérico del masculino para designar la clase sin distinción de sexos.)

El Señor ha querido muchas veces reunirnos bajo su custodia, pero no hemos querido. Y la consecuencia viene detrás, claro: “Vuestra casa se os quedará vacía”. Si siento un vacío en lo más profundo de mí, es porque no he querido someterme a Cristo.

Él tiene que seguir curando y echando demonios. La lucha no es contra los hombres de carne y hueso, sino contra los principados, potestades y dominaciones de los espíritus malignos. Y yo debo luchar a Su lado, bajo su autoridad. Pues eso, que me debo plantear ¿Contra quién lucho yo? Si es contra mi esposo, ¡error!. Mi lucha no es contra hombres de carne y hueso, por mucho que me amenacen y ofendan, como Herodes a Jesús. Él no hace caso, y sigue su camino. Su lucha y la nuestra es contra los demonios.

De esto nos habla San Pablo en la primera lectura, y me propone buscar mi fuerza en el Señor y ponerme las armas de Dios para aguantar los días malos, en lugar de luchar el uno contra el otro porque el mal ha conseguido entrar en nuestros corazones. Muy interesante para nuestro matrimonio esto de ponernos las armas de Dios para protegernos del maligno ¿No os parece? ¿Repasamos esas armas que nos protegen?:

“Ceñid la cintura con la verdad”: En ello estamos, aprendiendo la verdad revelada del matrimonio, de nuestra vocación. Esto nos ayuda a no dejarnos engañar por el maligno. Si ya sé que eres mi ayuda adecuada, ministro de la gracia de Dios para mí, que mi unión contigo es mi camino hacia Dios, que sólo contigo seremos imagen de Dios… Abandonaré mis juicios basados en sensaciones y me ceñiré a la verdad.

“Revestid la coraza de la justicia”: Lo justo para mi esposo, es lo que Dios quiere para él/ella. Todo lo que no sea eso, descartado. Como si te pusiera una coraza que te protege de todo lo que no te hace bien.

“Calzad los pies con la prontitud para el evangelio de la paz”: Sólo hay algo urgente, algo que no puede esperar. Caritas Christi urget nos. Construir una paz entre nosotros, no basada en los pactos, sino en la caridad: Con humildad y mansedumbre, sometimiento mutuo, sacrificio el uno por el otro… Es la paz del Evangelio. Nos urge. No vamos a esperar más.

“Abrazad el escudo de la fe”. Fe en Dios que lo puede todo, en Su reino, en Sus bienaventuranzas. Una fe que nos lleva a la esperanza de que Dios va a hacer de nosotros un matrimonio santo. Y desde esta confianza, caminar hacia la Caridad Conyugal.

“Poneos el casco de la salvación y empuñad la espada del Espíritu que es la palabra de Dios”: Confiados, porque hemos sido salvados, lucharemos contra el mal llenándonos del Espíritu y predicando el Evangelio a otros matrimonios. Echando demonios con Jesús, bajo Su autoridad.

Siempre orando “velando juntos con constancia”.

Madre:
Nos sometemos al Señor. Nos ponemos bajo su autoridad para luchar contra los demonios, y no el uno contra el otro. Ya no gastaremos más energías en esa oposición mutua. Todos nuestros esfuerzos son para el Señor. Seguiremos caminando hoy, y mañana y pasado… hasta que Él quiera. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.