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¿Qué tipo de lágrimas son las mías? Comentario del Evangelio para Matrimonios: Juan 19, 25-27

EVANGELIO
Triste contemplaba y dolorosa miraba de Hijo amado la pena

Lectura del santo Evangelio según san Juan 19, 25-27
En aquel tiempo, junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María, la de Cleofás, y María, la Magdalena.
Jesús, al ver a su madre y cerca al discípulo que tanto quería, dijo a su madre:
-«Mujer, ahí tienes a tu hijo.»
Luego, dijo al discípulo:
-«Ahí tienes a tu madre.»
Y desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa.

Palabra del Señor.

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¿Qué tipo de lágrimas son las mías?
(Nota: Se hace uso genérico del masculino para designar la clase sin distinción de sexos.)

Hoy celebramos oficialmente el día de la Virgen de los dolores.
Madre a los pies de la Cruz acoges la Vida para entregarla, desde el desgarro, te gozas con el dolor de amar hasta el extremo a cada uno de nosotros tus hijos, nacidos del dolor más profundo de tu alma santa, nacidos del Seno Inmaculado de María Madre de Dios y Madre nuestra.

Como decíamos ayer, el amor está íntimamente unido al dolor. Decía San Juan de la Cruz: “quien no sabe de penas no sabe de amores”. Una frase muy sabia, pero que no se puede poner en positivo, porque no todo el que sabe de penas, sabe de amores.

De eso vamos a hablar hoy. Para ello recurriremos a una doctora de la Iglesia: Santa Catalina de Siena. Ella nos explica los diferentes tipos de lágrimas que marcan una progresión en el camino espiritual:
1 Lágrimas malas, que engendran muerte. Son las que proceden del pecado y llevan al pecado: lágrimas de odio, de envidia o desesperación, proceden de un corazón desordenado y apartado de Dios.
2 Lágrimas de temor por los propios pecados. Son las de los que se levantan del pecado por temor al castigo: el temor les hace llorar. Su motivación no es perfecta, pues no hay necesariamente arrepentimiento.
3 Lágrimas de los que, lejos del pecado, empiezan a querer servir a Dios; pero, privados de los consuelos visibles, lloran por verse con tanta incapacidad y tribulaciones.
4 Lágrimas de los que aman con perfección a Dios y al prójimo, doliéndose de las ofensas que se le hacen a Dios y compadeciéndose del daño del prójimo, en completo olvido de sí mismos.
5 Lágrimas de dulzura, derramadas con gran suavidad por la unión intima del alma con Dios. Son lágrimas de puro amor que derraman los santos en las más altas cumbres de perfección cristiana.

Tendemos a hablar de cruz refiriéndonos a cualquier tipo de sufrimiento, pero eso no es correcto. Sólo algunas lágrimas son por amor y generan vida. ¿Qué tipo de lágrimas son las mías?

Si en mi relación con mi esposo, sufro por las ofensas que le hago a Dios o me compadezco del daño que sufre mi esposo, sin tener en cuenta si me afecta a mí o no, entonces hablamos de una cruz que se vive por amor en unión con Cristo. Esta cruz es co-redentora.

Si además, en nuestra oración juntos, llegamos a derramar lágrimas de amor por sentidos unidos a la Santísima Trinidad. Si derramamos lágrimas en el acto conyugal por experimentarnos agradecidos unidos entre nosotros por el Espíritu y fundidos con Dios, ¡Aleluya!.

Madre:
Eres Tú quien da a luz a Jesús y nos lo entregas. Ese hermoso Corazón tuyo, sufrió tanto porque formaba un solo corazón con el de tu Hijo en la Cruz. Pero Tú le ofreces al Padre el sacrificio de tu Hijo, y quieres que también nosotros nos unamos a Ti, unamos nuestro sufrimiento de amor para entregárselo al Padre.
“¡Oh dulce fuente de amor!, hazme sentir tu dolor para que llore contigo. Y que, por mi Cristo amado, mi corazón abrasado más viva en él que conmigo.” Amén.