Archivo por meses: mayo 2016

La plenitud de la mirada. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Marcos 10, 46-52

EVANGELIO
“Rabbuni”, haz que recobre la vista

Lectura del santo Evangelio según san Marcos 10, 46-52
En aquel tiempo, al salir Jesús de Jericó con sus discípulos y bastante gente, un mendigo ciego, Bartimeo (el hijo de Timeo), estaba sentado al borde del camino, pidiendo limosna. Al oír que era Jesús Nazareno, empezó a gritar: -« Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí». Muchos lo increpaban para que se callara. Pero él gritaba más: -«Hijo de David, ten compasión de mí». Jesús se detuvo y dijo: -«Llamadlo». Llamaron al ciego, diciéndole: -«Ánimo, levántate, que te llama». Soltó el manto, dio un salto y se acercó a Jesús. Jesús le dijo: -«¿Qué quieres que haga por ti?» El ciego le contestó: -«Maestro, que pueda ver». Jesús le dijo: -«Anda, tu fe te ha curado». Y al momento recobró la vista y lo seguía por el camino.

Palabra del Señor.

La plenitud de la mirada.
(Nota: Se hace uso genérico del masculino para designar la clase sin distinción de sexos.)

Nosotros también le pedimos hoy al Señor que tenga compasión, porque estamos ciegos y somos mendigos de Su gracia. Repitamos una y otra vez: Jesús, ten compasión de mí.

Veo con mis ojos, pero no con los ojos del alma. No veo la plenitud de la visión interior de mi esposo, como le llamaba San Juan Pablo II. No veo la imagen de Dios en él/ella. Al utilizar sólo mis sentidos, no veo más allá de las cosas terrenales. Necesito Señor que me abras los ojos del alma y me muestres la plenitud de la visión interior de mi esposo. Quiero verle como un don Tuyo, como una ayuda adecuada, como mi complemento, quiero ver en él/ella nuestro camino hacia Ti, nuestra salvación y la de nuestra familia.

Por qué me quedo en lo superfluo, en los incidentes cotidianos, en los pequeños desajustes que hay entre nosotros… Señor, tú sabes que lucho por amarle, por ser uno con él/ella. Pero entonces llega esa frase que me trastoca, esa tentación de medir cuánto me ama, ese gesto que me molesta, otra vez aquello que me tiene harto, llegan mis impaciencias, mi devolver mal por mal, mis exigencias…

Señor, ten compasión de mí. No dejaré de gritarlo. Estoy dispuesto a dejar atrás lo que haga falta, de un salto, como Bartimeo dejó su manto. Si me preguntas qué puedes hacer por mí, una cosa te pido: Quiero ver a mi esposo como Tú le ves.

Te lo pedimos por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

Camino a la gloria. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Marcos 10, 32-45

EVANGELIO
Mirad, estamos subiendo a Jerusalén, y el Hijo del hombre va a ser en, regado

Lectura del santo Evangelio según san Marcos 10, 32-45

En aquel tiempo, los discípulos iban subiendo por el camino hacía Jerusalén y Jesús iba delante de ellos; ellos estaban sorprendidos y los que lo seguían tenían miedo.
Él tomó aparte otra vez a los Doce y empezó a decirles lo que le iba a suceder: -«Mirad, estamos subiendo a Jerusalén, y el Hijo del hombre va a ser entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas, lo condenarán a muerte y lo entregarán a los gentiles, se burlarán de él, le escupirán, lo azotarán y lo matarán; y a los tres días resucitará».
Se le acercaron los hijos de Zebedeo, Santiago y Juan, y le dijeron: -«Maestro, queremos que hagas lo que te vamos a pedir». Les preguntó: -«¿Qué queréis que haga por vosotros?». Contestaron: -«Concédenos sentarnos en tu gloria uno a tu derecha y otro a tu izquierda». Jesús replicó: -«No sabéis lo que pedís, ¿podéis beber el cáliz que yo he de beber, o bautizaros con el bautismo con que yo me voy a bautizar?». Contestaron: -«Podemos». Jesús les dijo: -«El cáliz que yo voy a beber lo beberéis, y seréis bautizados con el bautismo con que yo me voy a bautizar, pero el sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, sino que es para quienes está reservado».
Los otros diez, al oír aquello, se indignaron contra Santiago y Juan. Jesús, llamándolos, les dijo: -«Sabéis que los que son reconocidos como jefes de los pueblos los tiranizan, y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor; y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos. Porque el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y dar su vida en rescate por muchos»

Palabra del Señor.

Nota: Retiro para matrimonios y familias: “La Verdad del Matrimonio y la Alegría del Amor”. Organiza ProyectoAmorConyugal en colaboración con la Delegación de Pastoral Familiar Diocesana de Málaga. Días 18 y 19 de junio. Para más información pincha en el siguiente enlace:

http://wp.me/p6AdRz-ru

Camino a la gloria.
(Nota: Se hace uso genérico del masculino para designar la clase sin distinción de sexos.)

Vemos hoy una especie de pugna entre los apóstoles por ser más que los demás. Aspiramos a más de lo que somos, y es natural, porque estamos llamados a algo Grande. Esperamos que Dios nos glorifique en su Hijo. Esperamos alcanzar ni más ni menos que la Gloria de Dios, porque hemos sido creados para ello: “Elevado desde la tierra y sentado a su derecha, en el trono de su Reino, intercede por toda la humanidad y la espera en su gloria” (Ef 2,6).

Pero este “estatus” no es merecido ni es una consecuencia de nuestros merecimientos, sino que lo alcanzaremos por pura gracia de Dios. El caso es que intentamos alcanzarlo por nosotros mismos, y ahí es donde equivocamos el camino. “Seréis como Dios” le dijo la Serpiente a Eva. Los primeros hombres también tenían esas aspiraciones y también desearon llegar por sus propios medios.

Sin embargo, Cristo nos enseña un camino diferente al de dominarnos el uno al otro para ser más grandes. Es el camino de la humillación y del servicio: “el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor; y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos”. Lo podremos adornar como queramos, pero dice “sea esclavo de todos”. Me queda pensar en cómo aplicar esto en mi matrimonio y en mi familia. Seguramente sentiré una resistencia interior nada más pensarlo, porque tenemos una dignidad y ¿ser esclavo de mi esposo?. No parece muy razonable. Sin embargo, si actúo como si lo fuera para dar mi vida en rescate por él/ella, ya es otra cuestión. En ese acto, me uno por obediencia a la misión redentora de Cristo y el Señor. Eso sí que es algo Grande.

Madre:
Tú te hiciste la esclava del Señor. Que recuerde en cada situación que Jesús tampoco vino a ser servido, sino a servir. A Él gloria y alabanza por los siglos. Madre, pídele el Espíritu Santo para que me conduzca por los caminos que te guio a ti. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

La oferta de Dios. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Marcos 10, 28-31

EVANGELIO
Recibiréis en este tiempo cien veces más, con persecuciones, y en la edad futura, vida eterna

Lectura del santo Evangelio según san Marcos 10, 28-31

En aquel tiempo, Pedro se puso a decir a Jesús: -«Ya ves que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido». Jesús dijo: -«En verdad os digo que no hay nadie que haya dejado casa, o hermanos o hermanas, o madre o padre, o hijos o tierras, por mí y por el Evangelio, que no reciba ahora, en este tiempo, cien veces más – casas y hermanos y hermanas y madres e hijos y tierras, con persecuciones – y en la edad futura, vida eterna. Muchos primeros serán últimos, y muchos últimos primeros».

Palabra del Señor.

La oferta de Dios.
(Nota: Se hace uso genérico del masculino para designar la clase sin distinción de sexos.)

Dice San Jerónimo. “No dijo: Que lo dejasteis todo (porque esto también lo hizo el filósofo Crates y otros muchos que despreciaron las riquezas), sino y que “me habéis seguido”, que es propiamente de los apóstoles y de los creyentes.”

No se trata de dejar muchas cosas y hacer muchos sacrificios, sino de seguir a Jesús. Esto es, hacer lo que Él hizo: Entregarse por amor.

Hay esposos que hacen cosas que les cuestan mucho esfuerzo, pero aman poco. Pongamos algunos ejemplos: Las dietas, el ejercicio, ordenar, limpiar, crecer profesionalmente, corregir a los hijos… Si no se hace con amor, no sirve. Es más, puede ser contraproducente, puesto que puede aumentar nuestra vanidad, el orgullo, apegarnos más a las manías que uno se va creando, etc. Hacer algo por amor, es siempre “a alguien”. Por tanto, si hago una dieta tengo que preguntarme ¿Por amor a quién?. O si me esfuerzo en tenerlo todo muy ordenado en casa ¿Por amor a quién?, no vaya a ser que me esté dejando llevar por mis manías…

Esposos, no se trata de hacer cosas que cuestan mucho (seguro que no todas son necesarias) sino de hacerlas con mucho amor. Por ejemplo: Educar es cansado, pero ¿Cuántas órdenes les damos a nuestros hijos que no van a servir para hacerlos santos? ¿No podíamos ahorrarnos y ahorrarles muchas regañinas? ¿No serán cosas que me molestan a mí?. Pensémoslo sinceramente: Si regañamos enfadados ¿Por quién estamos regañando?. Si corregimos al esposo enfadados ¿Por quién lo hacemos?. Tiene triste gracia, estar esforzándonos para nada.

Amoris Laetitia 89. En efecto, la gracia del sacramento del matrimonio está destinada ante todo «a perfeccionar el amor de los cónyuges»[104]. También aquí se aplica que, «podría tener fe como para mover montañas; si no tengo amor, no soy nada.

Dios quiere que no tengamos miedo y lo dejemos todo. Con Él no vamos a salir perdiendo. Y para que se nos quite ese miedo, nos hace una buena oferta: ¡El ciento por uno!

Madre:
A nosotros, los esposos, nos toca dejar atrás padre y madre, muchas comodidades y muchos caprichos. A veces también hemos renunciado a cierto apego a los hijos para dar prioridad a nuestro matrimonio. Todo ello, por seguir a Jesús, el Esposo. Pero sabemos que Dios cumple su promesa, y aunque con cruces, nos dará el ciento por uno en esta vida. Alabado sea por siempre.

Liberarse para amar más. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Marcos 10, 17-27

EVANGELIO
Vende lo que tienes y sígueme

Lectura del santo Evangelio según san Marcos 10, 17-27
En aquel tiempo, cuando salía Jesús al camino, se le acercó uno corriendo, se arrodilló y le preguntó: -«Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?» Jesús le contestó: -« ¿Por qué me llamas bueno? No hay nadie bueno más que Dios. Ya sabes los mandamientos: no matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, no estafarás, honra a tu padre y a tu madre». Él replicó: -«Maestro, todo eso lo he cumplido desde pequeño». Jesús se le quedó mirándolo, lo amó y le dijo: -«Una cosa te falta: anda, vende lo que tienes, dáselo a los pobres, así tendrás un tesoro en el cielo, y luego ven y sígueme». A estas palabras, él frunció el ceño y se marchó triste, porque era muy rico. Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos: -«¡ Qué difícil les será entrar en el reino de Dios a los que tienen riquezas!». Los discípulos quedaron sorprendidos de estas palabras. Pero Jesús añadió: -«Hijos, ¡qué difícil les es entrar en el reino de Dios! Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el reino de Dios». Ellos se espantaron y comentaban: -«Entonces, ¿quién puede salvarse?». Jesús se les quedó mirando y les dijo: -«Es imposible para los hombres, no para Dios. Dios lo puede todo».

Palabra del Señor.

Liberarse para amar más.
(Nota: Se hace uso genérico del masculino para designar la clase sin distinción de sexos.)

“Una cosa te falta”. El joven rico, cree que el Señor le está pidiendo algo ¿Acaso el dinero era para quedárselo?. ¡No! Desea liberarle de lo que le estorba para seguir creciendo en el amor. No es cuestión de renunciar a un bien. Es una cuestión de escoger “un camino mejor” como decía San Pablo.

¿Crees que renuncias a algo? No es tanto renunciar, sino comprender el camino de la verdad, aprovechar las oportunidades que Dios me da para construirnos como personas según nuestra dignidad y construir una relación que sólo crece con la entrega. El camino del amor, es una escalada de entregas mutuas, de manera que en cada entrega y en cada acogida, crecemos ambos y crece nuestra comunión.

Cuando tienes un amor “tacaño” como el del joven rico, en el que estás pendiente de lo que das y de lo que te cuesta dar, tu amor se vuelve raquítico y tú te quedas triste. El amor produce alegría ¿Estás alegre por lo mucho que estás amando? ¿Estás alegre porque hoy te has entregado más que ayer?.

El amor es como una escalada, y cuanto menos pesa tu mochila, más rápido subes y cada vez te cansas menos. La mayor mochila está en mi corazón. De él sale todo lo que me impide amar: El orgullo, la soberbia, el egoísmo… para llegar antes a la comunión con mi esposo y con Dios.

«Amar es, por tanto, esencialmente entregarse… Para poder amar de verdad, conviene desprenderse de todas las cosas y, sobre todo, de uno mismo, dar gratuitamente, amar hasta el fin. Esta desposesión de sí mismo es exhaustiva y exultante. Es fuente de equilibrio. Es el secreto de la felicidad» (San Juan Pablo II).

“Una cosa te falta”.

Madre:
Qué suerte tener un Dios que nos ha dado un esposo, nos ha puesto la ayuda adecuada que necesitamos a nuestro lado para liberarnos de nuestras ataduras. Qué suerte tener a alguien a quien entregarle todo en nombre del Señor. Que al acabar el día, estemos alegres. Alabado sea por siempre.

Hacia la verdad. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Juan 16, 12-15

EVANGELIO
Lo que tiene el Padre es mío. El Espíritu recibirá y tomará de lo mío y os lo anunciará

Lectura del santo Evangelio según san Juan 16, 12-15
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: – «Muchas cosas me quedan por deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora; cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena. Pues no hablará por cuenta propia, sino que hablará de lo que oye y os comunicará lo que está por venir. Él me glorificará, porque recibirá de lo mío y os lo anunciará. Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso os he dicho que recibirá y tomará de lo mío y os lo anunciará».

Palabra del Señor.

Hacia la verdad.
(Nota: Se hace uso genérico del masculino para designar la clase sin distinción de sexos.)

El Espíritu Santo está en nosotros y Él nos guía, nos conduce hasta la verdad completa. Estamos llamados a conocerla porque sólo la verdad nos llena, nos permite crecer y nos hace libres. Hay algo dentro de nosotros que nos empuja a vivir en la verdad, a conocerla, incluso aunque no nos guste. Hemos sido creados para caminar hacia la verdad y sin embargo, nos dejamos engañar por el Príncipe de la mentira con cierta facilidad, y esto nos desestabiliza.

¿Qué es la verdad? Le pregunta Pilato a Jesús, sin mucho interés en conocer la respuesta. Parece como cansado de supuestas verdades que resultan ser falsas. Lo cierto es que solamente el Espíritu es capaz de guiarnos hacia la verdad. ¿Tienes algún otro guía?. La Verdad es Cristo y se nos revela en el Evangelio, en la tradición de la Iglesia y en el magisterio de la Iglesia, además de la actuación del Espíritu en cada uno de nosotros. Esas verdades son las que hacen posible mi matrimonio y mi felicidad, y no otras.

Pongamos aquí algunas verdades del Papa Francisco en Amoris Laetitia, relacionadas con el matrimonio y la familia:
106. La verdad es que «la comunión familiar puede ser conservada y perfeccionada sólo con un gran espíritu de sacrificio
109. El amor… se alegra con el bien del otro, cuando se reconoce su dignidad, cuando se valoran sus capacidades y sus buenas obras. Eso es imposible para quien necesita estar siempre comparándose o compitiendo.
115. …una familia… donde siempre se vuelve a confiar a pesar de todo, permite que brote la verdadera identidad de sus miembros, y hace que espontáneamente se rechacen el engaño, la falsedad o la mentira.
138. Es posible reconocer la verdad del otro, el valor de sus preocupaciones más hondas y el trasfondo de lo que dice, incluso detrás de palabras agresivas.
311. … la misericordia es la plenitud de la justicia y la manifestación más luminosa de la verdad de Dios.

Llegaremos a conocer la verdad completa sólo “cuando nos introduzca perfectamente en el misterio de Cristo y podamos ver todo con su mirada” (Amoris Laetitia 3). Mientras, elijamos una de estas verdades que hemos relacionado aquí y propongámonos vivirla. Saborearemos las consecuencias del verdadero amor.

Madre de la Iglesia:
Nos sentimos muy privilegiados, por pertenecer a la Iglesia, por aprender de su magisterio. Hay tantos matrimonios perdidos, sin saber qué hacer ni cómo seguir… De la mano del Magisterio hemos aprendido muchas verdades para nuestro matrimonio. Y sabemos que son verdad porque las hemos experimentado y han dado frutos de amor entre nosotros. Gracias Madre por tan hermoso don. Bendito sea el Señor por siempre.