Archivo por días: 20 abril, 2016

Acompañar y servir. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Juan 13, 16-20

EVANGELIO
El que recibe a mi enviado me recibe a mí

Lectura del santo Evangelio según san Juan 13, 16-20

Cuando Jesús acabó de lavar los pies a sus discípulos, les dijo: – «En verdad, en verdad os digo: el criado no es más que su amo, ni el enviado es más que el que lo envía. Puesto que sabéis esto, dichosos vosotros si lo ponéis en práctica. No lo digo por todos vosotros; yo sé bien a quiénes he elegido, pero tiene que cumplirse la Escritura: “El que compartía mi pan me ha traicionado.” Os lo digo ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda creáis que yo soy. En verdad, en verdad os digo: el que recibe a quien yo envíe me recibe a mí; y el que me recibe a mí recibe al que me ha enviado».

Palabra del Señor.

Acompañar y servir.
(Nota: Se hace uso genérico del masculino para designar la clase sin distinción de sexos.)

“Dichosos vosotros si lo ponéis en práctica.” ¿Qué tenemos que poner en práctica las familias para ser dichosos? Un amor que hace crecer a los demás, por eso se traduce como servicial. Toda vocación es un servicio, y la nuestra también. Es un servicio mutuo entre los esposos, a nuestra familia y a la sociedad.

Amar en hebreo significa hacer el bien ¿Pero de qué bien nos habla hoy Jesús? Todo padre le proporciona a sus hijos ropa, colegios, clases extraescolares, atención médica, se ocupa de que disfruten… Sin embargo, no hemos sido enviados para “criar” niños. Los animales también alimentan a sus crías, les enseñan a cazar y valerse por sí mismos, lamen sus heridas… Los esposos cristianos estamos llamados a “formar personas”, colaborando con Dios. Eso es lo que les hará verdaderamente felices. Por tanto, ¿Criamos o formamos personas?.

Dice el Papa Francisco en Amoris Laetitia: 287. “La educación de los hijos debe estar marcada por un camino de transmisión de la fe, que se dificulta por el estilo de vida actual, por los horarios de trabajo, por la complejidad del mundo de hoy donde muchos llevan un ritmo frenético para poder sobrevivir[306]. Sin embargo, el hogar debe seguir siendo el lugar donde se enseñe a percibir las razones y la hermosura de la fe, a rezar y a servir al prójimo. Esto comienza en el bautismo, donde, como decía san Agustín, las madres que llevan a sus hijos «cooperan con el parto santo»[307]. Después comienza el camino del crecimiento de esa vida nueva. La fe es don de Dios, recibido en el bautismo, y no es el resultado de una acción humana, pero los padres son instrumentos de Dios para su maduración y desarrollo.”

Si vuestros hijos son mayores y están alejados de Dios, no tiréis la toalla, que Dios nos ha dado mucho poder sobre ellos. Hay grandes conversiones por la oración, por el ejemplo de unos padres…

Jesucristo nos ha dado Su poder a quienes nos envía, el mismo poder que ha recibido de Dios. ¡Lo hemos recibido por nuestro sacramento! Nos ha enviado para unirnos los esposos y servir, apoyándonos el uno en el otro en esta gran misión. Irá por delante aquel que sea humilde, porque para trasmitir el amor de Dios, hay que vivirlo de corazón y es indispensable sanar el orgullo para ser fieles y no traidores.

La fidelidad a nuestra vocación de esposos, como dice el Papa en otro punto de la encíclica, “consiste en acompañar la fragilidad”. La de nuestros hijos y cómo no, la de nuestro propio esposo.

Acompañarnos y servirnos humildemente en nuestra fragilidad para llegar a Dios. ¡Qué hermoso!.

Madre:
Te suplicamos que seamos transmisores para nuestros hijos del verdadero alimento que da la vida. Llevar a cabo esta misión, nos hace ser uno en Jesús. Ayúdanos a unirnos en nuestra fragilidad, siendo fieles a nuestra llamada al Amor, haciendo así crecer a nuestros hijos en el Amor. Que acogiéndonos, acojan a Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo. Gracias por escuchar nuestras oraciones. Amén.

¿Esposos que juzgan o que salvan? Comentario del Evangelio para Matrimonios: Juan 12, 44-50

EVANGELIO
Yo he venido al mundo como luz

Lectura del santo Evangelio según san Juan 12, 44-50

En aquel tiempo, Jesús dijo, gritando: – «El que cree en mí, no cree en mí, sino en el que me ha enviado. Y el que me ve a mí, ve al que me ha enviado. Yo he venido al mundo como luz, y así, el que cree en mí no quedará en tinieblas. Al que oiga mis palabras y no las cumpla, yo no lo juzgo, porque no he venido para juzgar al mundo, sino para salvar al mundo. El que me rechaza y no acepta mis palabras tiene quien lo juzgue: la palabra que yo he pronunciado, esa lo juzgará en el último día. Porque yo no he hablado por cuenta mía; el Padre que me envió es quien me ha ordenado lo que he de decir y cómo he de hablar. Y sé que su mandato es vida eterna. Por tanto, lo que yo hablo, lo hablo como me ha encargado el Padre».

Palabra del Señor.

¿Esposos que juzgan o que salvan?
(Nota: Se hace uso genérico del masculino para designar la clase sin distinción de sexos.)

Jesús ha venido del Padre, portador de la Luz de su Amor, revelado en palabras y obras, para que seamos luz. Los esposos que lo reciben caminan en esta Luz. Los que lo rechazan, se tropiezan en la oscuridad y destruyen su amor y su matrimonio.

Cristo no viene a juzgarnos, sino a salvarnos. ¿Somos esposos que juzgan o esposos que aman?

El Amor disculpa todo. Dice al respecto el Papa Francisco en Amoris Laetitia 112-113:

“«guardar silencio» sobre lo malo que puede haber en otra persona. Implica limitar el juicio, contener la inclinación a lanzar una condena dura e implacable… Detenerse a dañar la imagen del otro es un modo de reforzar la propia, de descargar los rencores y envidias sin importar el daño que causemos.

Los esposos que se aman y se pertenecen, hablan bien el uno del otro, intentan mostrar el lado bueno del cónyuge más allá de sus debilidades y errores. En todo caso, guardan silencio para no dañar su imagen. Pero no es sólo un gesto externo, sino que brota de una actitud interna.
Recuerda que esos defectos son sólo una parte, no son la totalidad del ser del otro.

…todos somos una compleja combinación de luces y de sombras. El otro no es sólo eso que a mí me molesta. Es mucho más que eso. Por la misma razón, no le exijo que su amor sea perfecto para valorarlo. Me ama como es y como puede, con sus límites, pero que su amor sea imperfecto no significa que sea falso o que no sea real. Es real, pero limitado y terreno. …El amor convive con la imperfección, la disculpa, y sabe guardar silencio ante los límites del ser amado.”

Cristo no vino a juzgar, porque vino a salvarnos, por amor. Si Él (que puede) no te juzga, esposo mío, yo tampoco. Hoy sé que, aunque tu amor hacia mí sea imperfecto, es también amor verdadero. Perdóname por no haber sabido valorártelo mejor.

Madre:
Tu único deseo es que nosotros construyamos nuestro hogar en Jesús y vivamos bajo su Luz. Limpia nuestra mirada de juicios malsanos. Ilumina Tú esas oscuridades profundas de nuestros corazones y conduce a nuestra familia a la plenitud de vida que nos ofreces. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.