Archivo por días: 17 marzo, 2016

Tú en mí, yo en ti. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Juan 10, 31-42

EVANGELIO
Intentaron detenerlo, pero se les escabulló de las manos

Lectura del santo Evangelio según san Juan 10, 31-42
En aquel tiempo, los judíos agarraron piedras para apedrear a Jesús. Él les replicó: – «Os he hecho ver muchas obras buenas por encargo de mi Padre: ¿por cuál de ellas me apedreáis?». Los judíos le contestaron: – «No te apedreamos por una obra buena, sino por una blasfemia: porque tú, siendo un hombre, te haces Dios». Jesús les replicó: – «¿No está escrito en vuestra ley: «Yo os digo: sois dioses»? Si la Escritura llama dioses a aquellos a quienes vino la palabra de Dios, y no puede fallar la Escritura, a quien el Padre consagró y envió al mundo, ¿decís vosotros: “¡Blasfemas!” Porque he dicho: “Soy Hijo de Dios”? Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis, pero si las hago, aunque no me creáis a mí, creed a las obras, para que comprendáis y sepáis que el Padre está en mí, y yo en el Padre». Intentaron de nuevo detenerlo, pero se les escabulló de las manos. Se marchó de nuevo al otro lado del Jordán, al lugar donde antes había bautizado Juan, y se quedó allí. Muchos acudieron a él y decían: – «Juan no hizo ningún signo; pero todo lo que Juan dijo de este era verdad». Y muchos creyeron en él allí.

Palabra del Señor.

Tú en mí, yo en ti.
(Nota: Se hace uso genérico del masculino para designar la clase sin distinción de sexos.)

Jesús nos abre su intimidad mostrándonos la comunión tan estrecha que vive con el Padre. Veamos qué podemos aprender de ellos:
1- Hace las obras de Su Padre, tan fielmente que sus obras nos llevan a creer en el Padre.
2- Nos dice “el Padre está en mí, y yo en el Padre”.

Sobre la fe y las obras: Si tu esposo ha iniciado un camino de fe, no lo critiques. Ni porque creas que va más rápido que tú, ni porque creas que va más retrasado. Hay esposos que le dicen a sus cónyuges: “Tanto rezar y para qué”. La fe ya es una obra de Dios. Así que, no le desanimes: Ha recibido una llamada de Dios y no querrás ir tú en contra ¿no?. Jesús nos enseña que las obras son de Dios, por tanto, dejemos que Él las haga en el momento que considere oportuno. Si tu esposo reza más o va más a misa, ¿Por cuál de esas obras buenas le apedreas?.

Especialmente en temas de fe, estamos para ayudarnos. Pero como en todo, solemos llevar ritmos distintos. La mujer suele acoger más rápido la fe, porque el amor de la mujer es más de “acogida” mientras que el del hombre es más de “llevar la iniciativa”. Digamos que él suele ser el que conquista y ella la que se deja conquistar. Pues con esas diferencias de ritmos nos creó Dios para que juntos lleguemos a Él.

Sobre el otro punto, “El Padre está en mí y yo estoy en el Padre”: Dice el profesor Pérez Soba, que el amor se define como la presencia del amante en el amado y viceversa. Entre Jesús y el Padre esta presencia del uno en el otro es total, ya que ambos son completamente uno. A nosotros nos toca avanzar en este camino de comprendernos el uno al otro hasta llegar a estar él en ella y ella en él. Tenernos presentes el uno al otro y estar presentes el uno en el otro. Si queréis avanzar en vuestro amor, abandonad la dureza de corazón, abrid la mente y avanzad en comprenderos.

Madre:
Ayúdanos a descubrir que el amor de Dios es una caricia que nos despierta poco a poco, sin prisa. Él es el amor que hemos esperado hasta ahora, el consuelo eterno, el amor eterno. Que si Dios entra en mí, esté mi esposo en mí también para que ambos se encuentren en mi interior, y si Dios entra en mi esposo, que yo esté en él/ella para fundirnos los tres. Mi esposo en mí, yo en mi esposo y ambos en Dios. Alabado sea el Señor por siempre.

El cordón umbilical. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Juan 8, 51-59

EVANGELIO
Abrahán, vuestro padre, saltaba de gozo pensando ver mi día

Lectura del santo Evangelio según san Juan 8, 51-59
En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos: – «En verdad, en verdad os digo: quien guarda mi palabra no verá la muerte para siempre». Los judíos le dijeron: – «Ahora vemos claro que estás endemoniado; Abrahán murió, los profetas también, ¿y tú dices: «Quien guarde mi palabra no gustará la muerte para siempre»? ¿Eres tú más que nuestro padre Abrahán, que murió? También los profetas murieron, ¿por quién te tienes?». Jesús contestó: – «Si yo me glorificara a mi mismo, mi gloria no valdría nada. El que me glorifica es mi Padre, de quien vosotros decís: «Es nuestro Dios», aunque no lo conocéis. Yo sí lo conozco, y si dijera: «No lo conozco» sería, como vosotros, un embustero; pero yo lo conozco y guardo su palabra. Abrahán, vuestro padre, saltaba de gozo pensando ver mi día; lo vio, y se llenó de alegría». Los judíos le dijeron: – «No tienes todavía cincuenta años, ¿y has visto a Abrahán?» Jesús les dijo: – «En verdad, en verdad os digo: antes de que Abrahán existiera, yo soy». Entonces cogieron piedras para tirárselas, pero Jesús se escondió y salió del templo.

Palabra del Señor.

El cordón umbilical.
(Nota: Se hace uso genérico del masculino para designar la clase sin distinción de sexos.)

La muerte es fea y huele mal, pero ahí están los gusanos que se sienten atraídos por ese olor. Hay hogares donde se ha introducido la destrucción, el dolor entre los esposos, o el individualismo y la frialdad, o la tristeza. Surge un conflicto y los esposos saltan como un resorte, como si estuvieran esperando una ocasión para lanzarse el uno contra el otro y echarse en cara las cosas, en ese intento de dominar el uno frente al otro. Dice San Juan Pablo II que el pecado pone al hombre y la mujer en contraposición.

Sin embargo Jesús no se glorifica a sí mismo, sino que es glorificado por el Padre. Un esposo no debe considerarse buen esposo hasta que no le oiga decir a su cónyuge que lo es. Mirémonos en el espejo de nuestro marido o nuestra esposa.

Los fariseos conocen la ley, pero no conocen a Dios. No basta con intentar hacer las cosas bien, es necesario conocer a Dios, y el Señor ha venido para mostrarnos su intimidad ¿Cómo?:

El cordón umbilical que nos trajo a la vida lo perdimos, pero Jesús nos ha dejado otro que nos mantiene unidos a la Vida, Su Palabra. Da vida para siempre. Acogerla es experimentarla, porque de lo que tiene tu corazón habla tu boca. Por tanto, los esposos que beben de ella, hablan cada vez más de lo que ven en Dios y hacen cada vez más lo que ven hacer a Dios. Por eso es posible vivir un pequeño cielo en nuestro hogar que huele a belleza, a limpieza, a bien, a alegría.

Madre:
Alabamos a Dios porque no nos dejó en esa oscuridad de muerte, porque nos envió a Su Hijo para traernos la Vida. Gracias a Él, seguimos estando llamados a un matrimonio de comunión, de plenitud, en el que estemos deseando vernos para encontrarnos completos, en el que estemos cada vez más enamorados, en el que sepamos que pase lo que pase vamos a luchar juntos, porque el Señor nos sostiene y nuestra vida es eterna. Bendito seas por siempre, Señor.