Archivo por días: 8 marzo, 2016

Ser uno. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Juan 5, 17-30

EVANGELIO
Lo mismo que el Padre resucita a los muertos y les da vida, así también el Hijo da vida a los que quiere

Lectura del santo Evangelio según san Juan 5, 17-30
En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos: – «Mi Padre sigue actuando, y yo también actúo». Por eso los judíos tenían más ganas de matarlo: porque no sólo quebrantaba el sábado, sino también llamaba a Dios Padre suyo, haciéndose igual a Dios. Jesús tomó la palabra y les dijo: – «En verdad, en verdad os digo: el Hijo no puede hacer nada por su cuenta sino lo que viere hacer al Padre. Lo que hace este, eso mismo hace también el Hijo, pues el Padre ama al Hijo y le muestra todo lo que él hace, y le mostrará obras mayores que esta, para vuestro asombro. Lo mismo que el Padre resucita a los muertos y les da vida, así también el Hijo da vida a los que quiere. Porque el Padre no juzga a nadie, sino que ha confiado al Hijo todo el juicio. para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que lo envió. En verdad, en verdad os digo: quien escucha mi palabra y cree al que me envió posee la vida eterna y no incurre en juicio, sino que ha pasado ya de la muerte a la vida. En verdad, en verdad os digo: llega la hora, y ya está aquí, en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que hayan oído vivirán. Porque, igual que el Padre tiene vida en sí mismo, así ha dado también al Hijo tener vida en sí mismo. Y le ha dado potestad de juzgar, porque es el Hijo del hombre. No os sorprenda, porque viene la hora en que los que están en el sepulcro oirán su voz: los que hayan hecho el bien saldrán a una resurrección de vida; los que hayan hecho el mal, a una resurrección de juicio. Yo no puedo hacer nada por mí mismo; según le oigo, juzgo, y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió».

Palabra del Señor.

Ser uno.
(Nota: Se hace uso genérico del masculino para designar la clase sin distinción de sexos.)

Es impresionante como el Padre y el Hijo son uno. Los que queramos aprender de su modelo de comunión, no tenemos más que leer este Evangelio – “el Hijo no puede hacer nada por su cuenta”: Resulta que el Hijo es Dios y no puede hacer nada por su cuenta, sino que todo lo hace de acuerdo con el Padre.
– “el Padre ama al Hijo y le muestra todo lo que él hace”: Entre ellos no hay secretos. Porque se aman, se entregan toda su intimidad.
– “el Padre no juzga a nadie, sino que ha confiado al Hijo todo el juicio”: El Padre confía en el Hijo completamente.
– “El que no honra al Hijo, no honra al Padre”: Ellos sí que son conscientes de que al ser una unidad, y por eso, lo que le digan a uno se lo dicen a ambos. Una intuición de San Pablo que venía a decir que quien insulta a su esposo, se insulta a sí mismo. En este caso, comparten la misma honra.
– “mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió”: Jesús no se equivoca porque no juzga por Él, sino buscando la voluntad del Padre. Qué importante es sacar de la ecuación nuestros intereses a la hora de juzgar rectamente, y buscar los intereses del esposo.

Impresiona cuando Jesús habla de que el Padre le mostrará obras mayores. La verdad se muestra con obras. Muchas veces nos intentamos enseñar mutuamente con palabras, pero es mucho más fructífero dar testimonio. El hecho de haber cumplido este objetivo de comunión de comunicarnos la santidad de Dios el uno al otro, nos llevará a una resurrección de vida.

Madre:
Admirable cómo el Padre y el Hijo son una unidad con el Espíritu Santo. Qué ejemplo, cómo comparten su intimidad, su confianza… Danos esa capacidad de abrirnos y comunicarnos el uno al otro por entero. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Esposos paralíticos del amor. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Juan 5, 1-3. 5-16

EVANGELIO
Al momento aquel hombre quedó sano

Lectura del santo evangelio según san Juan 5, 1-3. 5-16
En aquel tiempo, se celebraba una fiesta de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén.
Hay en Jerusalén, junto a la puerta de las ovejas, una piscina que llaman en hebreo Betesda. Esta tiene cinco soportales, y allí estaban echados muchos enfermos, ciegos, cojos, paralíticos.
Estaba también allí un hombre que llevaba treinta y ocho años enfermo.
Jesús, al verlo echado, y sabiendo que ya llevaba mucho tiempo, le dice:
-«¿Quieres quedar sano?»
El enfermo le contestó:
– «Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando se remueve el agua; para cuando llego yo, otro se me adelantado.»
Jesús le dice:
– «Levántate, toma tu camilla y echa a andar.»
Y al momento el hombre quedó sano, tomó su camilla y echó a andar.
Aquel día era sábado, y los judíos dijeron al hombre que había quedado sano:
-«Hoy es sábado, y no se puede llevar la camilla.»
El les contestó:
– «El que me ha curado es quien me ha dicho: Toma tu camilla y echa a andar.»
Ellos le preguntaron:
– «¿Quién es el que te ha dicho que tomes la camilla y eches a andar?»
Pero el que había quedado sano no sabía quién era, porque Jesús, aprovechando el barullo de aquel sitio, se había alejado.
Más tarde lo encuentra Jesús en el templo y le dice:
– Mira, has quedado sano; no peques más, no sea que te ocurra algo peor.»
Se marchó aquel hombre y dijo a los judíos que era Jesús quien lo había sanado.
Por esto los judíos acosaban a Jesús, porque hacía tales cosas en sábado.

Palabra del Señor.

Esposos paralíticos del amor.
(Nota: Se hace uso genérico del masculino para designar la clase sin distinción de sexos.)

El paralítico es imagen de toda persona al que el pecado impide moverse libremente, caminar por la senda del bien, dar lo mejor de sí. Son los paralíticos del amor. Veamos varios tipos de parálisis:

Hay esposos que se han quedado bloqueados por una “faena” que les hizo su cónyuge. Sienten rencor o llamémosle dolor. Se ven incapaces de perdonar y/o olvidar, y a veces ni siquiera están dispuestos a ello. Se dice que, como lo malo no lo pone Dios sino que lo ponemos nosotros, no queremos quitarlo de en medio para seguir siendo protagonistas. Estos esposos recuerdan una y mil veces aquel dolor que recibieron… Son los paralíticos de “las heridas del pasado”.

Hay otros esposos que se han quedado bloqueados en un tiempo anterior y no hacen más que de recordar “aquellos buenos tiempos” cuando las cosas eran mejores, cuando se sentían más felices, cuando me traías flores después de discutir… cuando me sorprendías con un fantástico plan… cuando íbamos a… Tienen el corazón paralizado en el recuerdo, probablemente de una etapa del enamoramiento llamada a crecer y madurar en el amor verdadero. Son los paralíticos “del sentimentalismo”.

Hay otros muchos tipos de enfermedades del amor entre los esposos: cegueras, cojeras, esposos “autistas” que no saben expresar sus sentimientos, “hipocondriacos” del amor que siempre exageran lo peor, amores “anoréxicos” que no engordan porque no se alimentan…
Puede que llevemos arrastrando muchos años esa parálisis, pero hoy Jesús, el médico del amor, nos pregunta ¿Quieres quedar sano?.

La respuesta parece obvia, pero el misterio del mal nos revela que la mayoría de las veces, ni siquiera somos conscientes de nuestra parálisis, por ceguera, por soberbia o por orgullo. Otras veces, como Adán, nos excusamos culpando al otro… Tendemos a pensar que, si el otro cambiase, yo también sería mejor. Si me apoyara, o me comprendiera…

¡Levántate, toma tu camilla y echa a andar! Tu camilla, no la del otro. Qué importante es coger “el toro por los cuernos”, coger mi camilla, en la que estoy paralizado y echar a andar. Iniciar un camino hacia el Padre, hacia el Amor, cogiendo de la mano a mi esposo, mi ayuda adecuada, la persona que Dios me dio para ayudarme. No le culpes, acude al sacramento de la confesión para ver la luz y después, ¡Pídele ayuda!

Queridos esposos, hemos dicho sí al Señor y hemos quedado sanos, no pequemos más no sea que nos pase algo peor.

Madre:
Tú guardabas todas estas cosas en tu corazón. A nosotros nos cuesta que nos entren en la cabeza y cuánto más en un corazón duro como el nuestro. Queremos dejar de ser protagonistas del mal que nos separa, para dejarnos ayudar por nuestro esposo y dejarnos empapar por el espíritu del bien que nos une. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.