Archivo por días: 21 noviembre, 2015

Aquí en Su Reino. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Juan 18, 33b-37

EVANGELIO
Tú lo dices: soy rey

Lectura del santo evangelio según san Juan 18, 33b-37
En aquel tiempo, dijo Pilato a Jesús: – «¿Eres tú el rey de los judíos?»
Jesús le contestó: – «¿Dices eso por tu cuenta o te lo han dicho otros de mí? »
Pilato replicó: – «¿Acaso soy yo judío? Tu gente y los sumos sacerdotes te han entregado a mí; ¿qué has hecho?»
Jesús le contestó: – «Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mi guardia habría luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi reino no es de aquí.»
Pilato le dijo: – «Conque, ¿tú eres rey?»
Jesús le contestó: – «Tú lo dices: soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo; para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz.»

Palabra del Señor.

Aquí en Su Reino.
(Nota: Se hace uso genérico del masculino para designar la clase sin distinción de sexos.)

Jesús le pregunta a Pilato si dice eso por él mismo o porque se lo habían contado otros. No es lo mismo que nos cuenten que Cristo es Rey, que vivir la experiencia de tenerlo por Rey.

Cristo es Rey, de mi vida, de mi matrimonio, de mi corazón… Y ha venido a este mundo para ser testigo de la Verdad. Su Reino no es de este mundo, porque su estilo no es el de este mundo, ni sus sentimientos son los de este mundo, ni sus formas son las de este mundo. Su Reino está basado en el amor.

Ese es nuestro Rey, ese que era capaz de callar ante los ultrajes e insultos, ese que aguantaba el dolor sin quejarse, ese que amaba hasta el extremo en silencio aparentando ser un vil delincuente. Ese que devolvía todo el amor ante tantísimo odio. Ese que, siendo Dios, se humilló voluntariamente hasta el extremo.

Tenemos que aprender a vivir nuestro matrimonio según los parámetros del Reino del Señor. Para llegar a ser testigos de la Verdad, tenemos que escuchar antes Su voz: “Haced lo que Él os diga” decía la Santísima Virgen en las Bodas de Caná. Escucharle atentamente en el silencio de nuestro corazón.

La vida pasa muy rápido, y antes de terminarla, tenemos una misión que cumplir. Escuchémosle.

Señor:
Que te dejemos reinar en nuestras vidas, que tu Reino se establezca en nuestros hogares, que nuestros sentimientos sean los Tuyos, y nuestra misión sea la que Tú, nuestro Rey, nos has encomendado como esposos.

Ya no podremos morir. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Lucas 20, 27-40

EVANGELIO
No es Dios de muertos, sino de vivos.

Lectura del santo evangelio según san Lucas 20, 27-40
En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos saduceos, que niegan la resurrección, y le preguntaron:
-«Maestro, Moisés nos dejó escrito: Si a uno se le muere su hermano, dejando mujer, pero sin hijos, cásese con la viuda y dé descendencia a su hermano. Pues bien, había siete hermanos: el primero se casó y murió sin hijos. Y el segundo y el tercero se casaron con ella, y así los siete murieron sin dejar hijos. Por último murió la mujer. Cuando llegue la resurrección, ¿de cuál de ellos será la mujer? Porque los siete han estado casados con ella.»
Jesús les contestó:
-«En esta vida, hombres y mujeres se casan; pero los que sean juzgados dignos de la vida futura y de la resurrección de entre los muertos no se casarán. Pues ya no pueden morir, son como ángeles; son hijos de Dios, porque participan en la resurrección.
Y que resucitan los muertos, el mismo Moisés lo indica en el episodio de la zarza, cuando llama al Señor “Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob”. No es Dios de muertos, sino de vivos; porque para él todos están vivos.»
Intervinieron unos escribas:
-«Bien dicho, Maestro.»
Y no se atrevían a hacerle más preguntas.

Palabra del Señor.

Ya no podremos morir.
(Nota: Se hace uso genérico del masculino para designar la clase sin distinción de sexos.)

Que no exista el matrimonio en el cielo, no significa que los esposos nos separemos ni un ápice con respecto a lo que hayamos conseguido unirnos en la tierra con la ayuda de Dios. Más bien al contrario, nuestra unión será plena.

¿Entonces cuál es la diferencia? ¿Por qué no podemos seguir siendo un matrimonio en el cielo?. El matrimonio es un sacramento que representa la comunión de la Santísima Trinidad aquí en la tierra, o representa también el amor de Cristo a la Iglesia Esposa, es decir, el amor de Dios a los hombres. Esa es la misión del matrimonio, y esta misión acaba cuando ya no necesitamos una imagen, porque tenemos presente al original al que imitábamos.

Dice Jesús en el Evangelio de hoy una frase muy esclarecedora: hombres y mujeres “no se casarán. Pues ya no pueden morir…” Y es que el matrimonio consiste en entregarse el uno por el otro hasta dar la vida. Si ya no podemos morir, no puede existir el matrimonio tal como lo conocemos aquí. El matrimonio consiste en que yo muero como ser individual, renuncio a mi individualidad, para pasar a ser una comunión de personas con mi esposo.

En el cielo, ya no habrá sufrimiento, no habrá renuncias dolorosas, seremos perfectamente uno por la gracia de Dios. También seremos perfectamente uno con Dios y con toda la humanidad. Eso sí, Dios Padre tiene a su Hijo como predilecto. En el cielo, entre todos los hermanos, mi esposo seguirá siendo mi predilecto. Seguro que Dios Padre, lo entenderá.

Oración:
Señor, que aprendamos que el matrimonio es un morir a las pasiones y caprichos de uno para formar una comunión de personas a Tu imagen. Bendito seas por esa Esperanza que nos das de que algún día, contigo, llegaremos a ser perfectamente uno. Todo será comprensión, alegría, bondad, ternura… todas Tus gracias en nosotros, toda Tu belleza en nosotros. Alabado seas.