Archivo por días: 3 noviembre, 2015

Más que una cena. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Lucas 14, 15-24

EVANGELIO

Sal por los caminos y senderos e insísteles hasta que entren y se me llene la casa

Lectura del santo evangelio según san Lucas 14, 15-24
En aquel tiempo, uno de los comensales dijo a Jesús:
-«¡Dichoso el que coma en el banquete del reino de Dios!»
Jesús le contestó:
-«Un hombre daba un gran banquete y convidó a mucha gente; a la hora del banquete mandó un criado a avisar a los convidados:
“Venid, que ya está preparado.”
Pero ellos se excusaron uno tras otro.
El primero le dijo:
“He comprado un campo y tengo que ir a verlo. Dispénsame, por favor. ”
Otro dijo:
“He comprado cinco yuntas de bueyes y voy a probarlas. Dispénsame, por favor.”
Otro dijo:
“Me acabo de casar y, naturalmente, no puedo ir.”
El criado volvió a contárselo al amo.
Entonces el dueño de casa, indignado, le dijo al criado:
“Sal corriendo a las plazas y calles de la ciudad y tráete a los pobres, a los lisiados, a los ciegos y a los cojos.”
El criado dijo:
“Señor, se ha hecho lo que mandaste, y todavía queda sitio.”
Entonces el amo le dijo:
“Sal por los caminos y senderos e insísteles hasta que entren y se me llene la casa.”
Y os digo que ninguno de aquellos convidados probará mi banquete.»

Palabra del Señor.

Más que una cena.
(Nota: Se hace uso genérico del masculino para designar la clase sin distinción de sexos.)

El Señor nos invita a un banquete. ¿Qué es un banquete y qué implicaciones tiene?. Es una celebración en la que busca compartir mesa con aquellos a los que ama. El Señor tiene algo grande que celebrar y por eso nos convoca. Quiere que disfrutemos juntos, con Él, porque nos ama. ¿Hay algo más importante?.

Comer juntos es toda una experiencia de relación, tal como se explica en Mercaba.org:
“se consideraba en la antigüedad como un signo importante de comunión y de mutua pertenencia (Éx 18,12); mediante la comida en común se expresaba el perdón (2Sam 9,7; 2Re 25,27-30), la hospitalidad (Jue 19,20-21) y la amistad (Gén 43,25-34)… no había nada como el comer y el beber juntos que ayudase tanto a distender los ánimos, a profundizar en el diálogo y a hacer caer las barreras que dividían a las personas.”

La función que había asumido la comida en las relaciones humanas es aprovechada por Dios para el terreno estrictamente religioso y así vemos el antiguo testamento cargado de banquetes, que representan esa relación del hombre con Dios y su alianza. Así también Cristo, quiso celebrar la última cena como representación de la Nueva Alianza de Dios con nosotros, y nos deja el banquete de la Eucaristía como un don impresionante en el que se hace uno con nosotros. No puede haber excusas suficientemente importantes para no acudir a la cita con el Señor, esa cita llena de signos de comunión y de amor.

De la misma manera en nuestro matrimonio. Nuestras tareas, nuestro trabajo y cualquier otro tipo de excusa, no deben tener prioridad sobre esa cita para comer juntos y crear comunión, compartir nuestras cosas, nuestras preocupaciones y deseos, demostrarnos esa relación de pertenencia del uno al otro, disfrutar de esos momentos reconciliadores que restañan heridas pasadas… El Señor quiere invitarnos a celebrar una maravilla de relación mutua creada por Él para comunicar Su gloria. Si no asistimos, si no le damos la prioridad que merecen esas comidas juntos, no probaremos el banquete del amor que Dios nos ofrece.

Esposos ¿Qué tal organizaros una cenita juntos aunque sea en casa, con velitas y música de fondo? (Si hay niños pequeños es cuestión de acostarlos pronto). Darnos prioridad el uno al otro, cogernos de la mano mientras hablamos de nuestras cosas mirándonos a los ojos, compartir lo que vivimos, lo que soñamos… Dios nos invita a crear esa comunión y hacerle presente en ella.

Oramos: Alabado seas Señor, por compartir con nosotros tus tesoros y tu grandeza. Embriáganos con tu presencia, purifica y eleva nuestra unión a la santidad, para vivir unidos a ti, en ti y por ti.