Archivo por días: 9 septiembre, 2015

El misterio de la felicidad conyugal. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Lucas 6, 20-26

EVANGELIO
Dichosos los pobres; ¡ay de vosotros, los ricos!

Lectura del santo evangelio según san Lucas 6, 20-26
En aquel tiempo, Jesús, levantando los ojos hacia sus discípulos, les dijo:
-«Dichosos los pobres, porque vuestro es el reino de Dios.
Dichosos los que ahora tenéis hambre, porque quedaréis saciados.
Dichosos los que ahora lloráis, porque reiréis.
Dichosos vosotros, cuando os odien los hombres, y os excluyan, y os insulten, y proscriban vuestro nombre como infame, por causa del Hijo del hombre. Alegraos ese día y saltad de gozo, porque vuestra recompensa será grande en el cielo. Eso es lo que hacían vuestros padres con los profetas.
Pero, ¡ay de vosotros, los ricos!, porque ya tenéis vuestro consuelo.
¡Ay de vosotros, los que ahora estáis saciados!, porque tendréis hambre.
¡Ay de los que ahora reís!, porque haréis duelo y lloraréis.
¡Ay si todo el mundo habla bien de vosotros! Eso es lo que hacían vuestros padres con los falsos profetas.»

Palabra del Señor.

El misterio de la felicidad conyugal.
(Nota: Se hace uso genérico del masculino para designar la clase sin distinción de sexos.)

Las Bienaventuranzas es el rostro de Cristo, es el programa de vida para parecernos a Él, una forma de vivir, de ser, de pensar, es movernos en la cima del Amor.
Amar es vivir las Bienaventuranzas ¿quienes son los felices y dichosos? Los que aman y se dejan amar por Dios a través de su cónyuge, pues es como Dios nos llamó al camino del amor.

Cada bienaventuranza tiene dos partes: opción o estado y la segunda es la consecuencia o promesa. Mateo, anuncia ocho bienaventuranzas y Lucas cuatro bienaventuranzas o estados de felicidad y cuatro maldiciones o desdichas, por ser contrario a Cristo.

Veamos si nuestro matrimonio es feliz o infeliz:

Dichosos los pobres porque vuestro es el reino de Dios:
La pobreza que nos hace merecedores de la bendición del Señor es la de no poner nuestra seguridad en las cosas de este mundo. Un matrimonio pobre es aquel que confía en Dios y no en lo material, que le da prioridad a su camino espiritual y el de sus hijos, frente al camino del éxito que se nos presenta en este mundo. No acumulan riquezas sino que comparten lo que tienen con sus hijos y con otras familias.
Por eso dichosos, felices los matrimonios que ponen su confianza en Dios, serán libres y vivirán tranquilos por saberse en las manos de un Padre que les ama.

Dichosos los matrimonios que ahora tenéis hambre, porque quedareis saciados:
Dichosos los matrimonios que se saben necesitados y tienen hambre de la Palabra de Dios y de los Sacramentos, porque han descubierto que sin unión con Dios juntos, no son capaces de lograr la paz, alcanzar amor, establecer la justicia… en sus hogares. Ellos tienen hambre de conocer y vivir su Sacramento, su vocación de esposos, la que les llevará hasta Dios. Quedan saciados, viviendo un anticipo del cielo aquí en la tierra y plenamente con Dios en el cielo.

Dichosos los que ahora lloráis porque reiréis:
Dichosas las lágrimas del que se compadece y sana las heridas del esposo roto por la vida y las circunstancias… en lugar de mirar a su propio dolor.
El esposo que no huye y afronta cualquier dolor a causa de su cónyuge y está dispuesto por amor a entregarse a él/ella, como Cristo, haciendo suyo el dolor del otro y ayudándole. Aquellos que abrazan la cruz como único camino del amor. Este matrimonio reirá porque vivirán una unión madura y verdadera, resucitarán juntos.

Dichosos seréis cuando los hombres os odien… por causa del Hijo del Hombre:
“¡Alegraos ese día porque grande será vuestra recompensa…!” Con estas palabras de Jesús, nos anima a los matrimonios que luchamos por ser fieles a Dios a través de nuestra vocación cada día, defendemos lo que Jesús nos enseña y con la forma de actuar caminamos contracorriente, hablamos de lo que no está de moda y tenemos a Cristo constantemente en nuestras conversaciones. Esto puede provocarnos críticas, dificultades… pero no es estertor de muerte, sino dolor de parto, señal de que somos un matrimonio Vivo y feliz en Cristo!!
¡Alegrémonos y saltemos de gozo entonces! El matrimonio que ha encontrado el tesoro, no se desanima por lo que estima basura.

Pero, ¡ay de vosotros, los matrimonios ricos!
Que confían en otros dioses: como el dinero, el éxito, comodidades, planes… nada de esto edifica, ni hace posible la unión y por eso ya tenéis vuestro consuelo: limitado, a rachas, frágil, falso.

¡Ay de vosotros, los matrimonios que ahora estáis saciados! Con vuestro trabajo, diversiones…. Y no buscáis la justicia-amor de Dios para vuestro matrimonio por “falta de tiempo”. Un tiempo aparentemente lleno, saciado, pero realmente vacío, hueco. Porque tendréis hambre.

¡Ay de los matrimonios que ahora reís!
Porqué habéis endurecido vuestro corazón y habéis huido de la Cruz, habéis dado la espalda al esposo por miraros el ombligo sumidos en la superficialidad, habéis dicho “no” al camino estrecho de la misión de Dios… Porque haréis duelo y lloraréis.

¡Ay matrimonio, si todo el mundo habla bien de vosotros!
Porque seguís lo de todo el mundo y no lo de Cristo, porque hacéis lo que sabéis que es aplaudido… Seréis unos mentirosos y unos falsos profetas, porque no reflejaréis la verdad de Cristo.

Señor, nos revelaste el misterio de la felicidad ¿Qué más queremos?. Danos fuerza y valor para vivir las bienaventuranzas en nuestra vocación.

Tal como pide el Papa que hagamos a diario, oramos por el sínodo de la familia:
http://proyectoamorconyugal.es/oracion-a-la-santa-familia/