Archivo por días: 12 mayo, 2015

Indignos de tal Dignidad. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Juan 16, 5-11

EVANGELIO
Si no me voy, no vendrá a vosotros el Defensor

Lectura del santo evangelio según san Juan 16, 5-11
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
– «Ahora me voy al que me envió, y ninguno de vosotros me pregunta: “¿Adónde vas?” Sino que, por haberos dicho esto, la tristeza os ha llenado el corazón. Sin embargo, lo que os digo es la verdad: os conviene que yo me vaya; porque si no me voy, no vendrá a vosotros el Defensor. En cambio, si me voy, os lo enviaré.
Y cuando venga, dejará convicto al mundo con la prueba de un pecado, de una justicia, de una condena. De un pecado, porque no creen en mí; de una justicia, porque me voy al Padre, y no me veréis; de una condena, porque el Príncipe de este mundo está condenado.»

Palabra del Señor.

Indignos de tal Dignidad.
(Nota: Se hace uso genérico del masculino para designar la clase sin distinción de sexos.)

En el Evangelio de hoy Jesús, siempre atento a los demás, observa la reacción de sus discípulos: «por haberos dicho esto, vuestros corazones se han llenado de tristeza». Cuando Jesús no está en nuestro matrimonio, también se experimenta esa tristeza. Nuestro proyecto de amor se convierte en algo oscuro, una carga pesada y demasiado cansada para poder llevarla a cuestas. Todo se convierte en una enorme maraña que no sabemos cómo desliar.

Jesús aclara rápidamente: «os conviene que yo me vaya». A muchos cristianos, también nos gustaría que Cristo conviviera con nosotros en cuerpo. Pero convenía que se fuera.

Os hablamos de estas cosas, que a veces parecen un tanto “alejadas” del día a día del matrimonio, porque nos parece fundamental que nos enamoremos de nuestra vocación. Si no sabemos a lo que hemos sido llamados ¿Cómo y por qué nos vamos a ilusionar y entregar?.

La belleza del matrimonio que representa en el Génesis una imagen de la mismísima comunión de la Santísima Trinidad (Lo que llama San Juan Pablo II “Sacramento Primordial”), es ahora llevada a su plenitud por Cristo. No porque Dios no lo hubiera creado con la suficiente hermosura, sino porque Dios, que todo lo hizo por Cristo desde el principio, ya tenía “previsto” que Él lo llevaría a plenitud en su entrega por la Iglesia. Luego éste último es el modelo a seguir por los esposos por encima de cualquier otro. El matrimonio es por tanto (dice San Juan Pablo II) “Sacramento de la redención”. Nosotros, los esposos, estamos llamados a ser ¡Imagen de la entrega redentora de Cristo!.

A nosotros se nos pone la carne de gallina cuando descubrimos, redescubrimos y volvemos a tomar conciencia… de que como matrimonio, somos imagen de la entrega de Cristo a su Iglesia para la redención del mundo. “Jesús eleva el amor entre los esposos para convertirlo en un sacramento de su nueva alianza, un signo visible y eficaz de su amor infinito.” (Llamados al amor: Carl Anderson y José Granados)

Somos indignos de tal Dignidad. Una misión demasiado hermosa para dos sencillos esposos, y desde luego, totalmente inalcanzable. Y es aquí donde cobran sentido las palabras de Jesús: “os conviene que yo me vaya”. A través del Sacramento del Matrimonio, “Cristo confía, por así decir, su propio amor, para que puedan vivir de él (los cónyuges). Por eso pueden convertirse en signo vivo del amor entre Cristo y la Iglesia”: Maridos, amad a vuestra mujeres como Cristo amó a su Iglesia (Ef 5,25).

Este Amor que Cristo comparte con los esposos, es una persona: El Espíritu Santo. Cristo se fue (en cuerpo) para poder enviarnos Su Espíritu.
“El espíritu que infunde el Señor renueva el corazón y hace al hombre y a la mujer capaces de amarse como Cristo nos amó” (San Juan Pablo II Familiaris Consortio 13).

Pedimos al Espíritu que nos convirtamos de un pecado, una justicia y una condena. El pecado de no creer en que Él lo hará posible en nosotros. De la justicia de que acogemos Su entrega redentora respondiendo a Su llamada a vivir nuestro matrimonio a Su imagen. Y de una condena porque el Príncipe de este mundo ya no podrá separarme de mi esposo por la fuerza del Amor de Dios que recibimos en nuestro Sacramento.

Tal como pide el Papa que hagamos a diario, oramos por el sínodo de la familia:
http://proyectoamorconyugal.es/oracion-a-la-santa-familia/