Archivo por días: 10 mayo, 2015

Verdad o dominación. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Juan 15, 26-16, 4a

EVANGELIO
El Espíritu de la verdad dará testimonio de mí

Lectura del santo evangelio según san Juan 15, 26-16, 4a
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
– «Cuando venga el Defensor, que os enviaré desde el Padre, el Espíritu de la verdad, que procede del Padre, él dará testimonio de mí; y también vosotros daréis testimonio, porque desde el principio estáis conmigo.
Os he hablado de esto, para que no tambaleéis. Os excomulgarán de la sinagoga; más aún, llegará incluso una hora cuando el que os dé muerte pensará que da culto a Dios. Y esto lo harán porque no han conocido ni al Padre ni a mí.
Os he hablado de esto para que, cuando llegue la hora, os acordéis de que yo os lo había dicho.»

Palabra del Señor.

Verdad o dominación.
(Nota: Se hace uso genérico del masculino para designar la clase sin distinción de sexos.)

Jesús se refiere al Espíritu Santo como el Espíritu de la verdad. En el catecismo (Nº 1606), dentro del apartado de “El matrimonio bajo la esclavitud del pecado” habla de que la unión hombre-mujer vive amenazada entre otros, por el “espíritu de dominio”. Reflexionamos: ¿Cuál de los dos “espíritus” dejo que gobierne mi relación matrimonial? ¿El espíritu de dominio o el Espíritu de la verdad?.

El espíritu de dominio, es ese que, disfrazado de bien, se empeña en corregir al otro. La corrección fraterna es un acto de caridad, pero se requiere de mucha Caridad para que se haga correctamente y sea efectiva. Uno de los principales problemas de los matrimonios que se acercan a nosotros pidiendo ayuda, es que al menos uno de los dos, se dedica a corregir al otro constantemente. Cuando rascamos en cada situación, descubrimos que se corrige buscando el beneficio propio: Exigir más ayuda, cambiar hábitos que me molestan, defender mis criterios… y lo que es peor, pensando que si no es por esa corrección, el esposo nunca mejorará: “llegará incluso una hora cuando el que os dé muerte pensará que da culto a Dios”. El espíritu de dominio da muerte a la comunión conyugal, y a lo mejor nos hace creer que estamos dando culto a Dios.

El amor no se impone. El Espíritu de la verdad, no se impone. Se recibe libremente, pide permiso, como en la Anunciación a la Santísima Virgen. Cuando Dios crea al hombre-mujer, le da la misión de dominar la tierra y someterla, pero en ningún caso nos dio autoridad para dominar y/o someter al esposo. ¿No deberíamos pedir permiso al esposo para hacerle una corrección?. Si quieres saber si te dejas llevar por el Espíritu de la verdad o por el espíritu de dominio, haz la siguiente prueba. Desde hoy hasta el próximo lunes, no le hagas a tu esposo ni una sola corrección. Si no somos capaces, preguntémonos si nuestras acciones proceden del Espíritu de la verdad, y si no estaremos intentando hacer un esposo a nuestra medida.

El Espíritu de la verdad, procede de Dios, no de nosotros. Él es el defensor, y es Él quien cambia las personas: “…él dará testimonio de mí; y también vosotros daréis testimonio” dice el Señor. Él nos “cristifica” nos va haciendo cada vez más semejantes a Cristo. Dejemos a Dios ser Dios.

Tal como pide el Papa que hagamos a diario, oramos por el sínodo de la familia:
http://proyectoamorconyugal.es/oracion-a-la-santa-familia/

Una alegría desbordante. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Juan 15, 9-17

EVANGELIO
Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos

Lectura del santo evangelio según san Juan 15, 9-17
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
– «Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor.
Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor.
Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud.
Éste es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado.
Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos.
Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando.
Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer.
No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto dure.
De modo que lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo dé.
Esto os mando: que os améis unos a otros.»

Palabra del Señor.

Una alegría desbordante.
(Nota: Se hace uso genérico del masculino para designar la clase sin distinción de sexos.)

¿Queréis ser felices? Repasemos la catequesis que nos da Cristo en el Evangelio:
“Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros y vuestra alegría llegue a plenitud. Perfecto! Es lo que buscamos, pero ¿Cómo conseguirla, Señor?:
“que os améis unos a otros como yo os he amado.” ¿Cómo nos has amado?: “Nadie tiene amor más grande que el que da su vida por sus amigos”.

“Quien ama da su vida como un don; el egoísta por el contrario cuida su vida, crece en este egoísmo y se convierte en un traidor, pero siempre solo. En cambio quien da su vida por amor, nunca está solo: siempre está en comunidad, está en familia. Quien aísla su conciencia en el egoísmo, al final la pierde.” (Cf Homilía de S.S. Francisco, 14 de mayo de 2013, en Santa Marta).

El que no entregue su vida, la va a perder. Y ¿cómo estamos “destinados” a entregar nuestra vida? Desde nuestra vocación (llamada de Dios a la santidad):
“No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto dure.”
No hemos elegido nuestra vocación, ha sido Dios quien nos ha elegido y capacitado para que demos fruto desde el Sacramento del Matrimonio.

Como conclusión de todo esto, podríamos decir: El esposo que entrega su vida en su matrimonio, ése, recibe un premio que no puede ni imaginar: El Señor comparte con él Su alegría, de tal manera que llegará a la plenitud.

¡Impresionante el regalo! ¿No os parece?. Entendemos ahora esa frase de María en el Magníficat: Se alegra mi espíritu en Dios, mi Salvador. Porque María, al acoger con su “sí” su misión como Madre de Dios, recibe la mismísima alegría de Dios, que Él comparte con ella.

Madre, enséñanos a decir “sí” para que nuestro espíritu también se alegre en Dios, nuestro Salvador.

Tal como pide el Papa que hagamos a diario, oramos por el sínodo de la familia:
http://proyectoamorconyugal.es/oracion-a-la-santa-familia/