Archivo por días: 22 abril, 2015

Ceniglesia. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Juan 6, 44-51

EVANGELIO
Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo

Lectura del santo evangelio según san Juan 6, 44-51
En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente:
– «Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre que me ha enviado.
Y yo lo resucitaré el último día.
Está escrito en los profetas: “Serán todos discípulos de Dios.”
Todo el que escucha lo que dice el Padre y aprende viene a mí.
No es que nadie haya visto al Padre, a no ser el que procede de Dios: ése ha visto al Padre.
Os lo aseguro: el que cree tiene vida eterna.
Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron en el desierto el maná y murieron: éste es el pan que baja del cielo, para que el hombre coma de él y no muera.
Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre.
Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.»

Palabra del Señor.

Ceniglesia.
(Nota: Se hace uso genérico del masculino para designar la clase sin distinción de sexos.)

“Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre que me ha enviado”
El Rey organiza una ceremonia para buscar una esposa para su Hijo. Pero nadie tiene la oportunidad de desposarse con Él si no ha sido invitado, así que, a petición del Hijo que se siente especialmente atraído por una de las más humildes y necesitadas doncellas, ordena enviar una invitación a todas las mujeres del pueblo: Ricas, pobres, justas e injustas…

Ceniglesia es una hermosa moza, a la que han creado mala fama. Digamos que no la consideran digna de asistir al baile. Tuvo un encuentro con el Rey hace tiempo, pero cometió varios errores en con Él que el Hijo debería enmendar, para restaurar su imagen ante el Rey y que éste aceptara su relación con ella.

Al lado del Hijo del Rey, Ceniglesia era pobre y miserable. No merecía tal Esposo. No tenía un traje digno para acudir al baile. Pero había alguien, la Madrina que intervendría para pedirle al Principe lo que Ceniglesia necesitara para engalanarla. Así que el amor del Príncipe transformó los sucios y rotos ropajes de Ceniglesia en el más hermoso y reluciente vestido jamás visto. Una hermosa carroza guiada por Santos, Ángeles… y la propia Madrina, guiaron aquel carruaje hasta el lugar donde se celebraba el baile.

Allí bailaron el Hijo del Rey y la doncella Ceniglesia y encandilaron al Rey que decidió acceder al casamiento y hacer a Ceniglesia heredera del trono real, junto con su Hijo.
Y vivieron felices y comieron…

Perdonad el cuento hoy, por darle un enfoque diferente al comentario.

Nuestra fe es una relación de amor. Dios nos atrae. Sí, como cuando nos enamoramos. Una fuerza superior a nosotros nos atrajo hacia aquel chico o aquella chica. Esa fuerza superior, nos atrae hacia Él. Y nos envía a ser parte del cuerpo del Señor, a través del Pan de su Cuerpo. Ya no actuamos como queramos, somos la Esposa que se deja llevar en el baile con el Esposo. Tenemos que actuar según Él, que es la cabeza de todos nosotros. Su Pan va transformando nuestros sucios ropajes y nos va engalanando para el día en que bailemos con Él ante el Rey y nos desposemos para toda la eternidad.

¿Y qué hay del zapato de cristal?. Es nuestro esposo, aquel con quien contrajimos matrimonio en la tierra. Gracias a él, el Hijo nos encontrará, porque sólo él está hecho para mí. Sólo él encaja conmigo.
Esta vez, cuídalo mejor y no lo pierdas.

Tal como pide el Papa que hagamos a diario, oramos por el sínodo de la familia:
http://proyectoamorconyugal.es/oracion-a-la-santa-familia/

Un viaje por la voluntad de Dios. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Juan 6, 35-40

EVANGELIO
Ésta es la voluntad del Padre: que todo el que ve al Hijo tenga vida eterna

Lectura del santo evangelio según san Juan 6, 35-40
En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente:
– «Yo soy el pan de la vida. El que viene a mí no pasará hambre, y el que cree en mí nunca pasará sed; pero, como os he dicho, me habéis visto y no creéis.
Todo lo que me da el Padre vendrá a mí, y al que venga a mí no lo echaré afuera, porque he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado.
Ésta es la voluntad del que me ha enviado: que no pierda nada de lo que me dio, sino que lo resucite en el último día.
Esta es la voluntad de mi Padre: que todo el que ve al Hijo y cree en él tenga vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.»

Palabra del Señor.

Un viaje por la voluntad de Dios.
(Nota: Se hace uso genérico del masculino para designar la clase sin distinción de sexos.)

Qué bien que la voluntad de Dios sea que no nos perdamos ninguno de los que le ha dado a Su Hijo. Qué bien que Jesús haya venido a hacer la voluntad del Padre. Pero nosotros tenemos también que colaborar con la voluntad del Padre. Él nos ha encomendado una misión, y es que no se pierda ninguno de los que nos ha dado: Mi esposo primero (para toda la vida) y mis hijos (temporalmente hasta que maduran e inician su propia misión).

Vamos a realizar un viaje imaginario, introduciéndonos en una voluntad de Dios y viajar por todo el recorrido que debe realizar para alcanzar su gloria. Se trata de un servicio que debes realizar a tu esposo. Nace de las manos de Dios, como un bien perfecto construido por amor y cuya esencia es el amor. Esta voluntad de Dios a la que nos hemos subido, viaja inmediatamente a su Hijo, Jesús, quien inmediatamente la ejecuta y la promueve hacia ti, el implicado. ¿Cómo llega a ti? a través del Espíritu Santo que reside en tu interior y te guía.

Tú estás a punto de recibirla. Contiene toda la pureza con la que fue creada, pero cuando llegue a tu corazón, comienza el combate espiritual. Contemplaremos cómo lucha en tu conciencia la voluntad de Dios con la tuya. Es la batalla de la triple concupiscencia. La pereza pone su escudo para que no le llegue, el orgullo la coge e intenta adaptarla según la forma que cree que le conviene, el egoísmo aparece cargado de armamento para intentar destruirla y que no quede ni rastro de ella, la vanidad la esconde porque no le parece justo tanto servir al esposo…

Y he ahí que la voluntad de Dios es “torturada” por todo un ejército de enemigos que la ensucian y la manipulan. Un escuadrón con tres cabezas: El demonio, el mundo y la carne.

Pero hay alguien más. Uno capaz de provocar un tsunami y arrasar a todos los enemigos de la voluntad de Dios, y por tanto, tus enemigos. Es el Espíritu Santo, que te pregunta si quieres que intervenga. Te lo pregunta en la oración. Entonces ¿qué tengo que hacer?. Tenemos que ir a Él ¿Dónde? En la Eucaristía. Él lo hace todo nuevo.

Él puede limpiar y recomponer la voluntad de Dios, para dejarla como estaba. De ti depende que Su voluntad llegue hasta sus últimas consecuencias, porque no solo te afecta a ti, sino a muchos más a tu alrededor. Si actúas según Sus instrucciones, otros la recibirán también de tu mano y la voluntad de Dios continuará sembrando amor y la alegría.

Tu servicio transmitirá el Amor de Dios a tu esposo primero, pero llegará también a tus hijos a través de tu ejemplo y vuestro amor ¿No es cierto?. Tus hijos a sus compañeros de clase, vosotros a familiares y amigos… y probablemente acabe afectando a toda la Iglesia de generación en generación. Es la onda expansiva del Amor de Dios, que genera amor.

Te hacemos llegar la voluntad de Dios. ¡Pásala!

Tal como pide el Papa que hagamos a diario, oramos por el sínodo de la familia:
http://proyectoamorconyugal.es/oracion-a-la-santa-familia/