Archivo por meses: febrero 2015

Colocarse en sintonía. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Mateo 6, 7-15

EVANGELIO
Vosotros rezad así

Lectura del santo evangelio según san Mateo 6, 7-15
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
– «Cuando recéis, no uséis muchas palabras, como los gentiles, que se imaginan que por hablar mucho les harán caso. No seas como ellos, pues vuestro Padre sabe lo que os hace falta antes de que lo pidáis. Vosotros rezad así:
“Padre nuestro del cielo, santificado sea tu nombre, venga tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo, danos hoy el pan nuestro de cada día, perdónanos nuestras ofensas, pues nosotros hemos perdonado a los que nos han ofendido, no nos dejes caer en la tentación, sino líbranos del Maligno.”
Porque si perdonáis a los demás sus culpas, también vuestro Padre del cielo os perdonará a vosotros. Pero si no perdonáis a los demás, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras culpas.»

Palabra del Señor.

Colocarse en sintonía.
(Nota: Se hace uso genérico del masculino para designar la clase sin distinción de sexos.)

La oración verdadera da frutos de una relación que nos une al Padre y al esposo. La experiencia de Dios como Padre, es fundamento de la comunión. Nos descubre la conciencia de pertenecer a una gran familia.

Rezar al Padre y entrar en la intimidad con Él, es también colocarse en sintonía con los gritos de nuestro esposo. Sabemos que sólo Él nos puede hacer uno. A Él estamos llamados a ir juntos.

Analizamos la oración que el Señor nos enseña.

Primero tres peticiones: el Nombre, el Reino y la Voluntad. Como venimos diciendo, para poder amarnos entre los esposos, es necesario reconocer primero el Amor del Padre: En esta primera parte del Padrenuestro, le pedimos para que restaure nuestra relación con Él. Para ello pedimos la santificación del Nombre de Dios, que sea reconocido su Nombre; la venida del Reino, que se instauren sus leyes entre nosotros; y el cumplimiento de Su Voluntad, que nos dirige hacia la verdad. El Nombre, el Reino y la Voluntad son los tres ejes que restauran el amor de hijos a un Dios que es Padre.

Esta relación renovada con Dios, se vuelve visible en la relación renovada entre los esposos que, a su vez, es objeto de cuatro peticiones más: el pan de cada día, el perdón de las deudas, el no caer en la tentación y la liberación del Mal. Las cuatro peticiones por la causa del prójimo: Pan, Perdón, Victoria y Libertad:

– La petición del “Pan de cada día”: Recuerda el maná de cada día en el desierto, el maná era una “prueba” para que acumulasen comida sólo para un día como señal de fe en la providencia divina. Jesús invita a realizar un nuevo éxodo, Él mismo se hace pan para que nos sea posible salir del mundo y cruzar nuestro desierto. Pedimos al Padre que dé a nuestro matrimonio lo necesario para vivirlo hoy.
– La petición de “perdón por las deudas como también perdonamos a los que nos ofenden”: Es una llamada a deshacer las heridas de mi corazón para poder empezar de cero después de cada ofensa. Al acabar el día, todo queda perdonado entre nosotros. Dios nos ha perdonado y nosotros también. A la mañana siguiente empezamos un matrimonio nuevo, limpio.
– La petición de “no caer en la tentación”: Somos débiles pero Jesús nos llama a seguirle en el desierto donde fue tentado y venció. Sabemos que necesitamos su fuerza para mantenernos firmes a nuestro compromiso matrimonial.
– Liberación del mal: el mal es Satanás, que trata de desviarnos del rumbo del Reino, indicado por Jesús. Tentó a Jesús para que abandonara el Proyecto del Padre y fuera el mesías que esperaban los fariseos y los escribas. Jesús vence al Maligno y hace posible que vivamos nuestro Proyecto de Amor Conyugal.

Esposos, ¡Amén!. Así sea.

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La UCI del amor conyugal. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Mateo 25, 31-46

EVANGELIO
Se sentará en el trono de su gloria y separará a unos de otros

Lectura del santo evangelio según san Mateo 25, 31-46
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
-«Cuando venga en su gloria el Hijo del hombre, y todos los ángeles con él, se sentará en el trono de su gloria, y serán reunidas ante él todas las naciones.
Él separará a unos de otros, como un pastor separa las ovejas, de las cabras.
Y pondrá las ovejas a su derecha y las cabras a su izquierda.
Entonces dirá el rey a los de su derecha:
“Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo.
Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme.”
Entonces los justos le contestarán:
“Señor, ¿cuándo te vimos con hambre y te alimentamos, o con sed y te dimos de beber?; ¿cuándo te vimos forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos?; ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte?”
Y el rey les dirá:
“Os aseguro que cada vez que lo hicisteis con uno de éstos, mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis.”
Y entonces dirá a los de su izquierda:
“Apartaos de mi, malditos, id al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de beber, fui forastero y no me hospedasteis, estuve desnudo y no me vestisteis, enfermo y en la cárcel y no me visitasteis.
Entonces también éstos contestarán:
“Señor, ¿cuándo te vimos con hambre o con sed, o forastero o desnudo, o enfermo o en la cárcel, y no te asistirnos?”
Y él replicará:
“Os aseguro que cada vez que no lo hicisteis con uno de éstos, los humildes, tampoco lo hicisteis conmigo.”
Y éstos irán al castigo eterno, y los justos a la vida eterna.»

Palabra del Señor.

La UCI del amor conyugal.
(Nota: Se hace uso genérico del masculino para designar la clase sin distinción de sexos.)

El centro del cristianismo es la caridad. Al final de la vida, se nos juzgará del amor. Todo lo demás está supeditado al amor.

Desde la eternidad, Dios pensó en tu esposo y en ti. Pensó en ese nuevo “nosotros” que nacería de los dos, a imagen de su Amor de comunión Trinitaria. Ésta es la misión y la prioridad de la vocación matrimonial. ¡Que no te engañe o te distraiga el diablo! Jesús nos dice: Todo lo que le haces a tu esposo a mí me lo haces, porque tú has sido creado como ayuda adecuada para tu esposo, representando a Dios que es su auxilio. Así que somos como la unidad de cuidados intensivos de nuestro esposo 😉

Analicemos cada una de las situaciones que plantea el Evangelio y llevémosla a nuestro matrimonio:

Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber: ¿De qué tiene hambre y sed mi esposo? ¿Cómo sacio su hambre de amar y ser amado? Recordemos que somos ministros de la gracia de Dios para nuestro esposo.

Fui forastero, y me recogisteis: Forastero es el que viene de fuera. ¿Quizás quiere entrar en mi corazón y no le dejo porque le considero extraño a mis cosas?…

Estuve desnudo, y me cubristeis: ¿Permito que desnude su corazón ante mí, o tiene miedo de mi represalia y se cubre? ¿Protejo su vulnerabilidad? Si no se hace vulnerable a mí, no podré conocerlo ni amarlo.

Enfermo, y me visitasteis: ¿Cómo vivo con él su pasión, quizás una herida en el corazón desde su infancia…, quizás una limitación física o una enfermedad?

En la cárcel, y vinisteis a mí: ¿Cómo actúo cuando está preso por su pecado? ¿Voy a él con amor o mi corazón se aparta de él?

El Señor te espera en tu esposo. Tenemos la oportunidad de amar al mismo Cristo en nuestro esposo. Respondámosle y así seremos benditos del Padre. No puede haber mayor aspiración ni mayor belleza en nuestra vida.

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Seducidos en el desierto. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Marcos 1, 12-15

EVANGELIO
Se dejaba tentar por Satanás, y los ángeles le servían

Lectura del santo evangelio según san Marcos 1, 12-15
En aquel tiempo, el Espíritu empujó a Jesús al desierto.
Se quedó en el desierto cuarenta días, dejándose tentar por Satanás; vivía entre alimañas, y los ángeles le servían.
Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios. Decía:
-«Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios: convertíos y creed en el Evangelio.»

Palabra del Señor.

Seducidos en el desierto.
(Nota: Se hace uso genérico del masculino para designar la clase sin distinción de sexos.)

“El Espíritu empujó a Jesús al desierto”.

Reflexionemos sobre ese verbo “empujó”: ¿Te has preguntado qué te empuja a ti en la vida? ¿Qué te empuja a hacer lo que haces?
En algunas situaciones podemos actuar “empujados por la ira” o “empujados por la vanidad” o por el capricho, o la tristeza, o la desesperanza, o el deseo, el miedo… ¿Qué te empuja a hacer lo que haces?.

Piensa en esta mañana, o en la de ayer. ¿Qué te empujó a levantarte? ¿Y a asearte? ¿Y a cada cosa que hiciste durante el día?.

Claro que, para ser empujado por el Espíritu, hay que conocerle y experimentarlo, y eso es posible después de horas de intimidad con el Señor. Si el Espíritu Santo empuja al Señor al desierto ¿No lo hará con nosotros? Él no necesitaba purificarse y sin embargo fue llevado a dejarse tentar por Satanás.

Debemos ser tentados por Satanás. Como dice el Papa Francisco: “también nosotros somos objeto del ataque del demonio, porque el espíritu del Mal no quiere nuestra santidad”.
Por tanto, la primera pregunta es ¿Quieres ser santo? Porque si no, Satanás ha ganado la batalla antes de empezarla.

Después, tenemos que conocer al enemigo. El Papa nos lo explica muy claro para que podamos detectar las tentaciones: “¿Cómo hace el demonio para alejarnos del camino de Jesús? La tentación comienza levemente, pero crece: siempre crece. Segundo, crece y contagia a otro, se transmite a otro, intenta ser comunitaria. Y al final, para tranquilizar el alma, se justifica. Crece, contagia y se justifica”. (Cf Homilía de S.S. Francisco, 11 de abril de 2014, en Santa Marta).

Tengo que dejarme tentar por Satanás, sin miedo, con la convicción de que triunfará el bien. Los ángeles del Señor nos sirven. Tenemos la gracia de Cristo que nos salva. Nada nos separará de Él. Puede que caigamos, pero si recurrimos a Él, Él es más fuerte. Si vivimos según el Espíritu, ocurrirá como con la carne de Cristo, nos resucitará de la muerte del pecado. Convertir a nuestro esposo de enemigo natural en aliado espiritual.

Reflexionemos ahora sobre dónde le empuja: Al desierto.
¿Por qué a ese lugar tan emblemático en la Biblia? Porque es el lugar del desprendimiento y del silencio. El lugar idóneo para un encuentro espiritual. Como expresa el profeta Oseas: “Por eso, yo voy a seducirla y la llevaré al desierto -dice el Señor- y le hablaré al corazón… y allí cantará como cantaba en los días de su juventud” (Os 2, 16-17). Dios lleva a su Esposa al desierto para seducirnos, para hablarnos al corazón. Allí le cantaremos.

Nos introducimos en el desierto de la cuaresma, para dejarnos seducir por Dios, para que nos hable al corazón, para cantarle el domingo de Resurrección. Una de las tentaciones puede ser, vivirla separados de nuestro esposo. Vivamos esta travesía juntos. Oración, ayuno, penitencia, limosna… Purifiquemos estos días nuestra mirada, apartemos todo el ruido y vistámonos de blanco, en silencio, para recibir juntos al Esposo que se entrega para redimir nuestra unión.

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Comer con un esposo pecador. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Lucas 5, 27-32

EVANGELIO
No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores a que se conviertan

Lectura del santo evangelio según san Lucas 5, 27-32
En aquel tiempo, Jesús vio a un publicano llamado Leví, sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo:
– «Sígueme.»
Él, dejándolo todo, se levantó y lo siguió. Leví ofreció en su honor un gran banquete en su casa, y estaban a la mesa con ellos un gran número de publicanos y otros. Los fariseos y los escribas dijeron a sus discípulos, criticándolo:
– «¿Cómo es que coméis y bebéis con publicanos y pecadores?»
Jesús les replicó:
– «No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores a que se conviertan.»

Palabra del Señor.

Comer con un esposo pecador.
(Nota: Se hace uso genérico del masculino para designar la clase sin distinción de sexos.)

La dinámica del amor consiste en que primero hemos sido amados para poder después amar.

Todo empieza en la fuente del amor, que es Dios Padre. La única manera de amar es donándose, es decir entregando dones en los que va parte de la persona que los da o la persona misma. Así, Dios entrega al hombre todas las cosas del mundo. Es importante que el hombre entienda que todo ha sido un don de Dios antes de poder establecer ninguna relación.

El valor que todo eso tiene para Dios, es alto, porque son sus creaturas, y Él las ve buenas. Además, el hombre se comprende a sí mismo como un don de Dios, como el don más preciado, porque independientemente de lo que haga o merezca, Dios lo ama por sí mismo personalmente, tal como es. Es la única creatura a la que Dios ama así, a diferencia de todos los demás seres vivos (animalia). Ese amor de Dios, es lo que da la dignidad a cada hombre.

Hasta aquí, esta experiencia, es la que S. Juan Pablo II llama la “soledad originaria”.

El hombre llegará a ser hijo porque Dios en Cristo, le concede ni más ni menos que su propia naturaleza divina. Para ser hijo, el amor no basta. Es necesario que su padre le transmita su naturaleza.

Después que el hombre ha vivido esta experiencia de acoger el amor, está preparado para amar. Para entregarse como don de Dios a otros. Aquí empieza la experiencia de la “unión originaria”. Dios invitaba a Adán a recibir a Eva como un don suyo, y hacía lo mismo con Eva. Sólo al aceptarse mutuamente de manos de Dios, Adán y Eva pueden entender adecuadamente, la dignidad del otro. Dios no solo me da cosas, sino que se da a sí mismo, pues me entrega algo muy preciado para Él. El don de tu persona me muestra que Dios me ama.

Cristo vino a llevar a plenitud estas experiencia de la soledad y la unión originarias. Vino a revelarnos cómo Él recibe el don del Padre y cómo se entiende a sí mismo como un don del Padre.
¿Cuál es el don que recibe Cristo del Padre? Cada uno de nosotros: “Los que me diste” (Jn 17,6). Cristo nos demuestra el valor que tenemos como don del Padre, porque nos amó hasta el extremo, muriendo por nosotros con nuestro pecado y nuestro desprecio. Pues “El Hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido” (Lc 19,10).

El hecho de que el hombre peque, no implica que Dios deje de amarle sino, casi al contrario, podría parecernos que le ama más porque le ve necesitado (Como se observa en la parábola del hijo pródigo o la oveja perdida). Por eso, la dignidad de una persona no se reduce con el pecado. Dios, en su misericordia, le envía a su Hijo único: Donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia.

Y aquí conectamos con el Evangelio aplicándolo a nuestro matrimonio. ¿Cómo miramos al esposo pecador?. Los esposos tenemos que seguir mirándonos con la dignidad infinita que Dios nos ha concedido. Con el amor infinito que Dios nos tiene. Mi esposo es un don de Dios para mí, porque Dios le ama por sí mismo, independientemente de lo que haya hecho. Merece Su misericordia. Merece que Cristo coma con él, se haga hombre por amor a él, viva una vida por amor a él, sea insultado por amor a él, sea golpeado por amor a él, sea juzgado injustamente por amor a él, ridiculizado por amor a él y crucificado y muerto por amor a él. Esto demuestra la enorme dignidad que tiene. El enorme don de Dios que él es para Cristo y debe serlo para mí.

No podemos mirar al esposo desde nuestra mirada, desde el valor que nosotros le concedemos, sino por el valor que Dios le da por el amor que le tiene y la dignidad que le concede.

Quizás seamos nosotros la tabla de salvación que Dios le envía. ¿Voy a ser también yo un don de Dios para él? O voy a apartarlo porque desde mi punto de vista no se merece nada. Como Cristo fue entregado por el Padre para su salvación, Dios me entrega también hoy a mí como colaborador de ese plan de salvación. Al fin y al cabo, además, yo también soy un pecador.

Amar es un compromiso de unirse al destino de la persona amada. El destino de Cristo lo conocemos. Todo lo hizo por el Padre. ¿Queremos o no queremos amar a Cristo?.

Todo es don de Dios. Yo para mí, tú para ti, Tú para mí, yo para ti, ellos para nosotros, y nosotros para ellos. Esto es ser cristiano. Con Cristo podemos recuperar el plan de Dios.

Alabado sea el Señor.

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Cómo el novio se hace Esposo. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Mateo 9, 14-15

EVANGELIO
Cuando se lleven al novio, entonces ayunarán

Lectura del santo evangelio según san Mateo 9, 14-15
En aquel tiempo, se acercaron los discípulos de Juan a Jesús, preguntándole:
– «¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos a menudo y, en cambio, tus discípulos no ayunan?»
Jesús les dijo:
-«¿Es que pueden guardar luto los invitados a la boda, mientras el novio está con ellos? Llegará un día en que se lleven al novio, y entonces ayunaran. »

Palabra del Señor.

Cómo el novio se hace Esposo.

(Hablamos de “esposo” referido a él y ella, para facilitar la lectura)

Hoy se nos habla de los momentos en los que corresponde ayunar. A los esposos, cuando no estamos con nuestro cónyuge también nos toca ayunar. Guardo para él/ella mi mirada, mis momentos de diversión, mis ilusiones y mi mejor sonrisa. Esta cuaresma, aprovechemos para “ayunar” cuando no está nuestro esposo, y nos entregaremos a agradarle cuando estemos juntos. El ayuno (referido a los alimentos) es también importante, porque dispone el corazón.

Cristo nos promete la resurrección en nuestro amor, pero mientras, tenemos que aprender a ser esposos como el Esposo, en la cruz. San Juan Pablo II: El matrimonio corresponde a la vocación de los cristianos cuando refleja El Amor que Cristo-Esposo entrega a la Iglesia, su esposa. (18 de agosto de1982)

Vemos en el Evangelio de hoy, que cuando Él estaba con los discípulos se autodenominaba “el novio”, y es después de la cruz y la resurrección, cuando se hace Esposo. Vivir las dificultades unidos, entregándonos el uno al otro, es lo que nos va convirtiendo en verdaderos esposos cristianos.

Aun así, nuestra comunión no llegará a ser perfecta hasta que estemos en el Reino de los Cielos. San Juan Pablo II nos habla de ese momento, en que participaremos de la comunión de la Santísima Trinidad. Nuestro conocimiento será pleno sobre nosotros mismos y sobre nuestra capacidad de relación con otros y con Dios. Nuestra comunión será tan plena como la de Dios mismo. Mientras tanto, nos toca “ayunar” con una comunión imperfecta que no acaba de llenarnos del todo. Pero cuando vuelva el Esposo, será maravilloso. Se acabará el ayuno, el sufrimiento, las limitaciones, la tristeza… para siempre.

Bendito sea Dios, que nos ha preparado un futuro así para toda la eternidad.

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