Archivo por días: 27 febrero, 2015

A lo que nunca aspiraríamos. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Mateo 5, 43-48

EVANGELIO
Sed perfectos como vuestro Padre celestial

Lectura del santo evangelio según san Mateo 5, 43-48
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
– «Habéis oído que se dijo: “Amarás a tu prójimo” y aborrecerás a tu enemigo. Yo, en cambio, os digo: Amad a vuestros enemigos, y rezad por los que os persiguen. Así seréis hijos de vuestro Padre que está en el cielo, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos.
Porque, si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y si saludáis sólo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles? Por tanto, sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto.»

Palabra del Señor.

A lo que nunca aspiraríamos.
(Nota: Se hace uso genérico del masculino para designar la clase sin distinción de sexos.)

La llamada a ser perfectos como nuestro Padre Celestial, no es una sugerencia. Es un mandato. ¿Cómo es posible que el Señor nos pida la perfección si conoce nuestra debilidad?.
Dios es amor y no llegaremos a Él si no amamos como Él.

La perfección no está en que las cosas queden muy bien, sino en el amor con que se hacen. Así nuestra fe es la única en que se pide amar a los enemigos: Rezad para pedirle por el enemigo. Dios mío, dale tu don perfecto, tu per-dón. Si elegimos el rencor o la enemistad, seremos hijos de Satanás y víctimas de nuestro dolor. Si elegimos el amor, seremos hijos de Dios.

Otra tentación es pretender no tener enemigos. Todo el que sigue a Jesús los tiene, como Él los tiene. Él no da consejos con palabras, sino que experimenta a sus enemigos en su propio corazón e incluso en su propia carne. Ante los que le persiguieron, lo condenaron injustamente, lo insultaron, escupieron, le azotaron, le ridiculizaron, le trataron como un criminal, lo desnudaron y lo mataron. Pero el veneno de la falta de humanidad, no consiguió infectar la fuente del amor y la humanidad que brotaba de dentro de su corazón. Su amor era más fuerte que la muerte: “Padre perdónales porque nos saben lo que hacen”. Es Su respuesta. Les disculpa ante el Padre.

Así nos enseña Jesús a ser Esposo. Cuando tu esposo te humille, te ridiculice o te azote en lo más profundo de tu corazón, entonces dirige la mirada al Padre y dile: Mejorará, ahora no sabe lo que hace. Dale tu don perfecto y cambiará. “Misericordia quiero y no sacrificios”, dice el Señor. Hay que apostar por la recuperación: “la caña cascada no la quebrará”.

Es difícil, ¿no os parece?. Más que difícil, imposible. Por eso, Jesús le pide al Padre que establezca un nuevo modelo de unión entre marido y mujer: ‘Pidiendo al Padre que todos sean uno como el Padre y Él son uno (cf. Jn 17,21-22), Jesús indica el modelo perfecto de la unión que quiere establecer. …La reconciliación es, pues, más que una reparación de la unidad perdida; eleva el acuerdo entre los hombres al nivel de una participación en el acuerdo perfecto que reina en la comunidad divina. No por casualidad subraya la Escritura el papel fundamental que tiene en esto el Espíritu Santo: siendo el amor personal del Padre y del Hijo, es Él quien actúa en la humanidad para realizar una unidad, de la que es el fundamento y el modelo la unidad divina.´ S. Juan Pablo II (Catequesis 18/05/83).

El mayor amor no es el de amar a los enemigos. El mayor amor es el de la Santísima Trinidad, y no son enemigos. Ese amor de comunión, el de la entrega por el que también se entrega a mí, es del que Dios quiere que participemos en el matrimonio. Aprendamos a vivirlo. Acerquémonos a Él para saborearlo.

Gustad y ved, qué bueno es el Señor.

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La virtud de la benedicencia. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Mateo 5, 20-26

EVANGELIO
Vete primero a reconciliarte con tu hermano

Lectura del santo evangelio según san Mateo 5, 20-26
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
– «Si no sois mejores que los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.
Habéis oído que se dijo a los antiguos: “No matarás”, y el que mate será procesado. Pero yo os digo: Todo el que esté peleado con su hermano será procesado. Y si uno llama a su hermano “imbécil”, tendrá que comparecer ante el Sanedrín, y si lo llama “renegado”, merece la condena del fuego.
Por tanto, si cuando vas a poner tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda.
Con el que te pone pleito, procura arreglarte en seguida, mientras vais todavía de camino, no sea que te entregue al juez, y el juez al alguacil, y te metan en la cárcel. Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último cuarto.»

Palabra del Señor.

La virtud de la benedicencia.
(Nota: Se hace uso genérico del masculino para designar la clase sin distinción de sexos.)

Qué importantes somos a tus ojos, Señor, que te hiere cuando alguien nos llama imbécil. Gracias Señor por amarme así.

Dos de las cosas que aprendimos de la espiritualidad de un sacerdote:
– La virtud de la benedicencia, que es siempre hablar bien de los demás. Sólo con aplicar esta virtud, daríamos un gran avance en nuestro matrimonio.
– La otra es que, cuando amas con todo, no hay corazón que se resista. Estamos convencidos de que esto es un verdad. Dios lo hace, y así nos conquista a los que tenemos la suerte de conocerle.

Señor, Tú cambias las leyes de los fariseos por la de “ser perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto”. Es decir, amar con Su misma misericordia.
La ley de los fariseos era exigente, pero Tu ley del amor lo es mucho más. La pena por llamar “imbécil” al esposo, la equiparas a la pena para el que mata, según la ley de los fariseos. Lo cierto es que en el fondo, cualquier asesinato, empezó por un insulto como podría ser “imbécil”. Es el comienzo de las consecuencias que trae el dejarse llevar por el Diablo y abandonar el camino del Espíritu.

Llamarlo imbécil: es un menos-precio, dudando de sus capacidades, de los dones que Dios le ha dado, ofende a Dios en su juicio, su obra y su plan para nosotros a través de él. Éste tendrá que comparecer ante el Sanedrín.

Llamarlo renegado: es el que ha renegado de su fe, y esto para Jesús es algo que merece la condena de fuego, pues Dios nos ha puesto en el corazón el deseo de santidad, de Dios, de salvación.

Pero como seguro que hemos fallado a nuestro compromiso con un amor mutuo tan exigente, hoy Señor, nos animas a retomar Tu camino. A reconciliarnos como esposos y volver a emprender la senda de la comunión. Volver al “principio”, al plan de Dios para nuestro matrimonio.

Alabado seas por siempre.

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