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Hoy el Signo somos tú y yo. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Marcos 8, 11-13

Lectura del santo evangelio según san Marcos 8, 11-13

En aquel tiempo, se presentaron los fariseos y se pusieron a discutir con Jesús; para ponerlo a prueba, le pidieron un signo del cielo.
Jesús dio un profundo suspiro y dijo: «¿Por qué esta generación reclama un signo? Os aseguro que no se le dará un signo a esta generación.»
Los dejó, se embarcó de nuevo y se fue a la otra orilla.

Palabra del Señor

Hoy el Signo somos tú y yo.

Comenta el Papa Francisco:
“le pedían a Jesús: ‘Pero, ¡Haz un signo!’ Y no entendían los muchos signos que hacía Jesús y que indicaban que el tiempo estaba maduro. ¡Cerrazón!”

Tenían el mayor signo ante sus ojos, y los muchos milagros que hacía, y no eran capaces de verlo. Así es la fe. No se ve con los ojos, sino con el corazón. El que tiene el corazón cerrado no ve.

El matrimonio fue creado por Dios como signo de Su amor, y no lo sabemos ver, porque nuestra “cerrazón” nos impide actuar como tales. Tenemos mucho que hacer. Nos lo dice Dios a través del texto del Génesis de la primera lectura:
“El Señor dijo a Caín: «¿Por qué te enfureces y andas abatido? Cierto, si obraras bien, estarías animado; pero, si no obras bien, el pecado acecha a la puerta; y, aunque viene por ti, tú puedes dominarlo.»”

Se trata de lo que Dios le dice a Caín justo antes del asesinato de Abel. Caín sintió envidia porque el Señor se había fijado en Abel y en su ofrenda y en él no. Dios, que ve en los corazones, sabe que en el corazón de Caín no hay alegría, porque el pecado está al acecho. Llega el momento de luchar: “aunque (el pecado) viene por ti, tú puedes dominarlo”.

Cuando Dios permite que nos encontremos en una situación de tentación, ya nos ha dado la fuerza para dominar el pecado. En nuestro matrimonio, hemos recibido el Sacramento, que es el que nos da la fuerza para vivir como un signo del amor de Dios. Y como no siempre utilizaremos toda esa fuerza y nos dejaremos caer, nos da otra herramienta que nos permitirá regenerar nuestra unión:

‘Cristo nos ha enseñado a perdonar. Enseñó a Pedro a perdonar “hasta setenta veces siete” (Mt 8,22). Dios mismo perdona cuando el hombre responde a la pregunta dirigida a su conciencia y a su corazón, con toda la verdad inferior de la conversión.
Dejando a Dios mismo el juicio y la sentencia en su dimensión definitiva, no cesemos de pedir: “Perdónanos nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden”.’ (San Juan Pablo II 21 de oct de 1981, después del atentado).

Le pedimos al Señor, que seamos el signo del amor de Dios que haga que nuestros jóvenes deseen vivir el matrimonio y no otra cosa.

Oramos por el sínodo de la familia:
http://proyectoamorconyugal.es/oracion-a-la-santa-familia/