Archivo por días: 13 febrero, 2015

Imprescindible conocer al Tentador. Comentario para Matrimonios: Génesis 3, 1-8

Viernes de la quinta semana de Tiempo Ordinario.
PRIMERA LECTURA
Seréis como Dios en el conocimiento del bien y el mal.

Lectura del Génesis 3, 1-8
La serpiente era el más astuto de los animales del campo que el Señor Dios había hecho. Y dijo a la mujer:
-“¿Cómo es que os ha dicho Dios que no comáis de ningún árbol del jardín?”
La mujer respondió a la serpiente:
-“Podemos comer los frutos de los árboles del jardín; solamente del fruto del árbol que está en mitad del jardín nos ha dicho Dios: “No comáis de él ni lo toquéis, bajo pena de muerte.”
La serpiente replicó a la mujer:
-“No moriréis. Bien sabe Dios que cuando comáis de él se os abrirán los ojos y seréis como Dios en el conocimiento del bien y el mal.”
La mujer vio que el árbol era apetitoso, atrayente y deseable, porque daba inteligencias; tomó del fruto, comió y ofreció a su marido, el cual comió.
Entonces se le abrieron los ojos a los dos y se dieron cuenta de que estaban desnudos; entrelazaron hojas de higuera y se las ciñeron.
Oyeron al señor que pasaba por el jardín a la hora de la brisa; el hombre y su mujer se escondieron de la vista del Señor Dios entre los árboles del jardín.

Palabra de Dios.

Imprescindible conocer al Tentador.

Vemos hoy cómo el hombre pasa del estado de inocencia al de naturaleza caída por el pecado. Contemplamos el proceso para conocer más de cerca al que puede hacernos caer en la desgracia de la ruptura con el amor.

El Tentador, representado por la serpiente, exagera lo que le falta al hombre. Todo le estaba permitido, pero su alianza con Dios se basaba en que no podría comer de uno de los árboles, el de la “ciencia del bien y del mal”. Observamos que el Tentador, se dirige a Eva y exagera lo que le falta diciéndole “¿Cómo es que os ha dicho Dios que no comáis de ningún árbol del jardín?”. Le habla de “todos” cuando bien sabía que no podían comer de uno sólo.

La respuesta de Eva, denota que ya ha caído en la tentación. Ella también exagera (aunque menos). Ella habla de la prohibición sobre “árbol que está en medio del jardín”. Éste “estar en medio” se quiere referir al árbol más importante del jardín. Si leemos los versículos del Génesis anteriores a éste, comprobaremos que el árbol que estaba en el centro del jardín era el árbol de la Vida, y no el de “la ciencia del bien y del mal”, que era el árbol prohibido. Por tanto, Eva cae en la tentación exagerando la prohibición, como si Dios no les permitiese comer del principal árbol del jardín. Observamos aquí una diferencia constatable por la experiencia, entre los deseos por las cosas de Dios y los deseos contrarios a Él. Como un “quiérete tú que Dios no te va a querer”.

Llevándolo a la vida, observamos que estamos demasiado pendientes de lo que nos falta, en lugar de valorar lo mucho que tenemos. Somos la generación más acomodada de la historia de la humanidad, y la generación que más necesidades tiene. El Tentador consigue hacernos desear lo mucho que nos falta. Consigue hacernos creer que Dios no nos quiere lo suficiente y tenemos que ocuparnos nosotros mismos de nuestra felicidad. De igual manera, ocurre en el matrimonio. Cuando Dios ha creado un esposo “para” nosotros, es decir, hecho a medida, el mejor don que nos podía haber entregado después de su Hijo, y nosotros no paramos de engrandecer sus carencias y sentir la necesidad de más. Que nos dé más, que sea más atento, que cambie esto o aquello…

El siguiente paso del Tentador, es prometer una plenitud falsa. Convence a Eva de que adquirirá más inteligencia, y será como Dios. Llevado a nuestra vida, ¿No es verdad que caemos por el deseo de ser más felices? ¿No es verdad que tendemos a pensar que cuando cambie esto o aquello o tengamos no sé qué, vamos a ser más felices?. Lo mismo hacemos con nuestro esposo: ¿No es verdad que creemos que si cambiara en esto o en aquello seríamos más felices?. Es un engaño del Tentador: La verdad no está ahí. ¿Qué necesitamos para amar? ¿Qué necesitó Cristo para entregarse? ¿Una Iglesia perfecta?.

Somos libres de elegir, pero no podemos evitar las consecuencias que conllevan nuestras elecciones, y éstas llegan. Adán y Eva se alejan del amor. Pierden dones que Dios les había dado. Están temerosos del mundo que les rodea. Necesitan protegerse… entra la concupiscencia. Las consecuencias para nosotros, también llegan. No alcanzamos la felicidad cuando conseguimos aquello que nos ofrece el Tentador, sino al contrario. Cada vez crecen nuestros miedos, ansiedad, depresiones, tristeza, falta de paz. La culpa siempre será del otro, claro está, porque ni siquiera queremos asumir nuestra responsabilidad.

Afortunadamente, Dios, que es todo amor y nos ama infinitamente, re-crea todas las cosas en su Hijo. Acudamos a Él que lo hará todo nuevo y llevará a la plenitud los dones que Dios nos dio al principio.

Continuará…

Oramos por el sínodo de la familia:
http://proyectoamorconyugal.es/oracion-a-la-santa-familia/