Archivo por días: 10 febrero, 2015

Una mancha en la mirada. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Marcos 7, 14-23

EVANGELIO
Lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre

Lectura del santo evangelio según san Marcos 7, 14-23
En aquel tiempo, llamó. Jesús de nuevo a la gente y les dijo:
-«Escuchad y entended todos: Nada que entre de fuera puede hacer al hombre impuro; lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre. El que tenga oídos para oír, que oiga.»
Cuando dejó a la gente y entró en casa, le pidieron sus discípulos que les explicara la parábola. Él les dijo:
-«¿Tan torpes sois también vosotros? ¿No comprendéis? Nada que entre de fuera puede hacer impuro al hombre, porque no entra en el corazón, sino en el vientre, y se echa en la letrina.»
Con esto declaraba puros todos los alimentos. Y siguió:
-«Lo que sale de dentro, eso sí mancha al hombre. Porque de dentro, del corazón del hombre, salen los malos propósitos, las fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, codicias, injusticias, fraudes, desenfreno, envidia, difamación, orgullo, frivolidad. Todas esas maldades salen de dentro y hacen al hombre impuro.»

Palabra del Señor.

Un mancha en la mirada.

“Más allá de la cuestión inmediata relativa a los alimentos, podemos ver en la reacción de los fariseos una tentación permanente del hombre: la de identificar el origen del mal en una causa exterior. Muchas de las ideologías modernas tienen, si nos fijamos bien, este presupuesto: dado que la injusticia viene “de fuera”, para que reine la justicia es suficiente con eliminar las causas exteriores que impiden su puesta en práctica. Esta manera de pensar -advierte Jesús- es ingenua y miope. La injusticia, fruto del mal, no tiene raíces exclusivamente externas; tiene su origen en el corazón humano, donde se encuentra el germen de una misteriosa convivencia con el mal. Lo reconoce amargamente el salmista: “Mira, en la culpa nací, pecador me concibió mi madre”. Sí, el hombre es frágil a causa de un impulso profundo, que lo mortifica en la capacidad de entrar en comunión con el prójimo. Abierto por naturaleza al libre flujo del compartir, siente dentro de sí una extraña fuerza de gravedad que lo lleva a replegarse en sí mismo, a imponerse por encima de los demás y contra ellos: es el egoísmo, consecuencia de la culpa original.” (Benedicto XVI, 30 de octubre de 2009).

Los esposos también nos echamos la culpa mutuamente, como si lo que el otro hiciese fuera motivo para mirarle mal o devolver mal por mal. Es el pecado el que nos hace mirarnos mal. Cuando Adán y Eva rompieron la alianza con Dios lo primero que hicieron fue buscar la culpa fuera de ellos. Adán le echa la culpa a Eva “La mujer que mediste me diste por compañera, me dio del árbol y comí”. Pero Jesús hoy nos dice que nada malo entra de fuera sino que la maldad sale de nuestro corazón.

Solemos decir, que un signo de que nos estamos desviando del camino, es cuando nos fijamos en los defectos de nuestro esposo y se los reprochamos. Eso significa que lo/la miramos con nuestra mirada humana y no como Cristo lo/la mira. Como expresa San Juan Pablo II refiriéndose a la mirada del hombre y la mujer en el estado de inocencia originaria, antes del pecado: ‘una dimensión interior de participación en la visión del mismo Creador, de esa visión de la que habla varias veces la narración del capítulo primero: “Y vio Dios ser muy bueno cuanto había hecho”’.

Son por tanto las tinieblas del pecado, las que nos impiden ver a nuestro esposo como algo muy bueno, tal como Dios lo/la creó.

Ocupémonos de estar en gracia, mediante el Sacramento de la Confesión y la Eucaristía, y pidámosle a Dios que nos revele la belleza de nuestro esposo.

Oramos por el sínodo de la familia:
http://proyectoamorconyugal.es/oracion-a-la-santa-familia/

Aferrados a nuestras leyes o liberados por el amor. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Marcos 7, 1-13

EVANGELIO
Dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres

Lectura del santo evangelio según san Marcos 7, 1-13
En aquel tiempo, se acercó a Jesús un grupo de fariseos con algunos escribas de Jerusalén, y vieron que algunos discípulos comían con manos impuras, es decir, sin lavarse las manos.
(Los fariseos, como los demás judíos, no comen sin lavarse antes las manos, restregando bien, aferrándose a la tradición de sus mayores, y, al volver de la plaza, no comen sin lavarse antes, y se aferran a otras muchas tradiciones, de lavar vasos, jarras y ollas.)
Según eso, los fariseos y los escribas preguntaron a Jesús: -«¿Por qué comen tus discípulos con manos impuras y no siguen la tradición de los mayores?»
Él les contestó: – «Bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas, como está escrito: “Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. El culto que me dan está vacío, porque la doctrina que enseñan son preceptos humanos.” Dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres.»
Y añadió: -«Anuláis el mandamiento de Dios por mantener vuestra tradición. Moisés dijo: “Honra a tu padre y a tu madre” y “el que maldiga a su padre o a su madre tiene pena de muerte”; en cambio, vosotros decís: Si uno le dice a su padre o a su madre: “Los bienes con que podría ayudarte los ofrezco al templo”, ya no le permitís hacer nada por su padre o por su madre, invalidando la palabra de Dios con esa tradición que os trasmitís; y como éstas hacéis muchas.»

Palabra del Señor.

Aferrados a nuestras leyes o liberados por el amor.

Dos frases llaman la atención en este Evangelio:
“Aferrándose a la tradición”
“El culto que me dan está vacío, porque la doctrina que enseñan son preceptos humanos”

¿Habéis observado a cuántas “leyes” o preceptos humanos nos aferramos? Lo peor es que, con ellas, sustituimos la única ley verdadera, la ley de Dios, que es el amor. La puntualidad es buena, hasta que rompemos la comunión porque uno de los dos se retrasa. El orden es bueno, hasta que dejamos de pasear juntos porque hay que ordenar. Y así, podríamos añadir cientos de leyes relacionadas con la alimentación sana, la educación de los hijos más o menos severa, si cerramos las puertas de las habitaciones o las dejamos abiertas, si hay que sacar la basura justo en este momento o no, si colocamos las llaves en el mismo sitio, etc.

Si nos ponemos a revisar a cuántas leyes nos aferramos y ponemos por encima del mandamiento del amor, nos quedaríamos asustados. Y no nos extrañaría nada si acabáramos muy convencidos con un “y no tengo tiempo para rezar”. Todo lo hemos recibido de Dios, también el tiempo, y Dios no puede haberse equivocado en el número de horas que debe tener un día.

Nos aferramos a un montón de leyes que traemos de nuestras familias de origen e incorporamos un gran número de ellas de nuestra cosecha. Pero si no queda tiempo para el amor, a Dios, entre los esposos y a nuestros hijos, nos merecemos un enorme “hipócritas” como el que Jesús le dedica a los Fariseos para ver si los hacía reaccionar.

“Anuláis el mandamiento de Dios”, eso es lo que hacemos y… claro, en nuestra vida falta amor. Nos falta alegría, estabilidad, paz interior.

Y para colmo, somos un escándalo para nuestros hijos “invalidando la palabra de Dios con esa tradición que os transmitís”, porque a nuestros hijos les transmitimos de todo menos que lo primero es el amor a Dios, que a Él le amamos amándonos mutuamente como esposos y desde ahí nos entregamos a ellos, todo a imagen de Dios.

Y esto es justamente lo que aparece hoy en la primera lectura: El Dios Trinitario dice “Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza” (Gn 1, 26), creados para ser Su imagen en nuestra relación, de ahí el plural “hagamos”: (San Juan Pablo II Catequesis 14/11/79) ‘podemos deducir que el hombre se ha convertido en “imagen y semejanza” de Dios no sólo a través de la propia humanidad, sino también a través de la comunión de las personas, que el hombre y la mujer forman desde el comienzo. La función de la imagen es la de reflejar a quien es el modelo, reproducir el prototipo propio.’

Esposos, hemos sido llamados a algo ¡Grande! A una vocación preciosa inabarcable para nosotros ni siquiera en nuestra imaginación. Vivámosla en plenitud. Es Su plan, el que pensó para nosotros Aquel que nos ama infinitamente.

Oramos por el sínodo de la familia:
http://proyectoamorconyugal.es/oracion-a-la-santa-familia/