Archivo por días: 30 noviembre, 2014

Una escena para no olvidar. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Mateo 8, 5-11

EVANGELIO
Vendrán muchos de oriente y occidente al reino de los cielos

Lectura del santo evangelio según san Mateo 8, 5-11
En aquel tiempo, al entrar Jesús en Cafarnaún, un centurión se le acercó rogándole:
– «Señor, tengo en casa un criado que está en cama paralítico y sufre mucho.»
Jesús le contestó:
– «Voy yo a curarlo.»
Pero el centurión le replicó:
– «Señor, no soy quien para que entres bajo mi techo. Basta que lo digas de palabra, y mi criado quedará sano. Porque yo también vivo bajo disciplina y tengo soldados a mis órdenes; y le digo a uno: “Ve”, y va; al otro: “Ven”, y viene; a mi criado: “Haz esto”, y lo hace.»
Al oírlo, Jesús quedó admirado y dijo a los que le seguían:
– «Os aseguro que en Israel no he encontrado en nadie tanta fe. Os digo que vendrán muchos de oriente y occidente y se sentarán con Abrahán, Isaac y Jacob en el reino de los cielos.»

Palabra del Señor.

Una escena para no olvidar.

El centurión vive bajo disciplina, ésta es fundamental para llegar a ser una persona virtuosa. La persona que vive bajo disciplina tiene muchas posibilidades de aprender a ser fiel, obediente y prudente. Son virtudes muy necesarias en nuestro camino conyugal. Recomendamos a imagen del Hijo con el Padre, la obediencia mutua entre los esposos para alcanzar la excelencia en la comunión entre esposos cristianos.

El centurión, con toda sencillez, observa la autoridad de Jesús sobre las fuerzas del mal y creyó en Él. Le habrían dicho que Jesús era compasivo ante el dolor, que curaba al herido, al que sufre y que se podía someterse a su autoridad, confiar en él pues era justo. La reacción de Jesús ante tal actitud de confianza, es inmediata: “¡Yo iré a curarle!”

Es curioso, cómo el centurión, reconoce la dignidad de su siervo, como igual a la suya; mientras que considera la dignidad de Jesús mucho mayor. El centurión se acerca a Jesús y con humildad: Ante tal grandeza, él es indigno. Por otra parte, también sorprende la reacción de Jesús, que se admira al ver en él tanta fe. Que el mismo Dios sienta admiración por nuestra fe, nos parece un misterio de la infinita humildad de Dios. Preciosas las actitudes de amor de uno y otro. Humildad, fe y admiración mutua. ¡Genial!.

Los esposos cristianos nos encontramos en multitud de ocasiones en la situación del centurión. Tres lecciones para hoy: 1) Que nos sometamos a disciplina: Dirección espiritual, obediencia mutua, en definitiva obediencia a la voluntad de Dios. 2) Que con humildad reconozcamos la dignidad del esposo/a y aprendamos a admirarle participando de la mirada de Jesús. 3) Que no creamos que Dios está, pero lejos. No olvidemos que murió en una cruz con los brazos abiertos, quedándose con nosotros cada día en la Santa Eucaristía.

Él interviene en nuestras cosas del día a día: En nuestras dificultades, en el trabajo, en la salud… y cómo no, en la construcción de nuestra comunión. Es real. El centurión, no lleva al enfermo ante Jesús. Lo considera innecesario. A veces damos demasiada importancia a lo que hacemos nosotros porque en el fondo, tenemos más confianza en nuestros actos que en los de Dios a través de la oración. Jesús sigue con los brazos abiertos esperándonos para sanarnos.

Madre permítenos estar a tu lado en este tiempo de espera de la venida de Jesús, para que cuando nazca, la acojamos con tanta fuerza como tú y nos hagamos uno con Él, como vosotros.

Oramos por los frutos del sínodo de la familia:
http://proyectoamorconyugal.wordpress.com/2014/09/30/oracion-a-la-santa-familia/

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¡Fuera desesperanza! Comentario del Evangelio para Matrimonios: Marcos 13,33-37

EVANGELIO
Velad, pues no sabéis cuándo vendrá el dueño de la casa

Lectura del santo evangelio según san Marcos 13,33-37
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
– «Mirad, vigilad: pues no sabéis cuándo es el momento.
Es igual que un hombre que se fue de viaje y dejó su casa, y dio a cada uno de sus criados su tarea, encargando al portero que velara.
Velad entonces, pues no sabéis cuándo vendrá el dueño de la casa, si al atardecer, o a medianoche, o al canto del gallo, o al amanecer; no sea que venga inesperadamente y os encuentre dormidos.
Lo que os digo a vosotros lo digo a todos: ¡Velad!»

Palabra del Señor.

¡Fuera desesperanza!

Todos los matrimonios hemos sido llamados a la Santidad, y no nos lo creemos. El mayor problema de muchos matrimonios de fe es la falta de esperanza. Lo que nos dicen es que es muy difícil, que poco a poco… a su ritmo. Además tienden a pensar que el otro no responde como debería, y eso lo hace imposible.

Falta de esperanza. No entienden que no son ellos quienes lo hacen, ¡es el Señor!. Por tanto, avanzaremos al ritmo del Señor, no al nuestro. San Pablo en la primera lectura nos sorprende con la siguiente afirmación: “De hecho, no carecéis de ningún don, vosotros que aguardáis la manifestación de nuestro Señor Jesucristo” (1 Cor 1, 8). Impresionante. Que se nos grabe en la cabeza y en el corazón: “NO CARECÉIS DE NINGÚN DON”. No falta que vuestro marido o vuestra esposa se convierta, o que dejéis de ser tan orgulloso o, ¡atención, no nos falta tiempo!. Tenemos todo lo que necesitamos para ser santos en nuestro matrimonio.

Lo vemos como algo tan inalcanzable… nos hemos desengañado. ¿Por qué no hemos conseguido avanzar lo suficiente? Precisamente porque hemos creído que lo conseguiríamos con nuestros esfuerzos. Esa es justo la buena noticia, que no somos nosotros, es Dios quien lo hace. Nuestro matrimonio es algo tan GRANDE que es imposible para nosotros. Nos supera. Pero nos dice San Pablo: “Dios os llamó a participar en la vida de su Hijo, Jesucristo, Señor nuestro. ¡Y él es fiel!”. ¿Por qué dudamos que Él nos hará matrimonios santos?.

Entonces ¿Tenemos que quedarnos esperando a que Dios lo haga? No. Jesús nos dice “Vigilad” no es para unos pocos, sacerdotes o monjas, nos lo dice a todos. No sea que cuando llegue inesperadamente nos encuentre dormidos. Es ese ansia de Dios en el corazón la que nos mueve, no depende de falta de cualidades o dones. Aprovechemos que hoy empieza el Adviento para convertirnos. Dice la primera lectura: “jamás oído oyó ni ojo vio un Dios, fuera de ti que hiciera tanto por el que espera en él”. Y esa es la clave, esperar en Él. Estar seguros que lo hará.

Invoquemos su nombre. Vayamos a diario a la Eucaristía, para pedirle una y otra vez al Esposo que haga nuestro matrimonio a imitación del Suyo. Alabémosle cuando el sacerdote lo eleva en la consagración. Ahí está el maestro Esposo. Pidámosle, encomendémonos a Él. Vayamos juntos, oremos juntos, leamos juntos y pidámosle incesantemente por nuestra unión conyugal. Él nos quiere santos.

Oramos por los frutos del sínodo de la familia:
http://proyectoamorconyugal.wordpress.com/2014/09/30/oracion-a-la-santa-familia/

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