Archivo por meses: noviembre 2014

Una escena para no olvidar. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Mateo 8, 5-11

EVANGELIO
Vendrán muchos de oriente y occidente al reino de los cielos

Lectura del santo evangelio según san Mateo 8, 5-11
En aquel tiempo, al entrar Jesús en Cafarnaún, un centurión se le acercó rogándole:
– «Señor, tengo en casa un criado que está en cama paralítico y sufre mucho.»
Jesús le contestó:
– «Voy yo a curarlo.»
Pero el centurión le replicó:
– «Señor, no soy quien para que entres bajo mi techo. Basta que lo digas de palabra, y mi criado quedará sano. Porque yo también vivo bajo disciplina y tengo soldados a mis órdenes; y le digo a uno: “Ve”, y va; al otro: “Ven”, y viene; a mi criado: “Haz esto”, y lo hace.»
Al oírlo, Jesús quedó admirado y dijo a los que le seguían:
– «Os aseguro que en Israel no he encontrado en nadie tanta fe. Os digo que vendrán muchos de oriente y occidente y se sentarán con Abrahán, Isaac y Jacob en el reino de los cielos.»

Palabra del Señor.

Una escena para no olvidar.

El centurión vive bajo disciplina, ésta es fundamental para llegar a ser una persona virtuosa. La persona que vive bajo disciplina tiene muchas posibilidades de aprender a ser fiel, obediente y prudente. Son virtudes muy necesarias en nuestro camino conyugal. Recomendamos a imagen del Hijo con el Padre, la obediencia mutua entre los esposos para alcanzar la excelencia en la comunión entre esposos cristianos.

El centurión, con toda sencillez, observa la autoridad de Jesús sobre las fuerzas del mal y creyó en Él. Le habrían dicho que Jesús era compasivo ante el dolor, que curaba al herido, al que sufre y que se podía someterse a su autoridad, confiar en él pues era justo. La reacción de Jesús ante tal actitud de confianza, es inmediata: “¡Yo iré a curarle!”

Es curioso, cómo el centurión, reconoce la dignidad de su siervo, como igual a la suya; mientras que considera la dignidad de Jesús mucho mayor. El centurión se acerca a Jesús y con humildad: Ante tal grandeza, él es indigno. Por otra parte, también sorprende la reacción de Jesús, que se admira al ver en él tanta fe. Que el mismo Dios sienta admiración por nuestra fe, nos parece un misterio de la infinita humildad de Dios. Preciosas las actitudes de amor de uno y otro. Humildad, fe y admiración mutua. ¡Genial!.

Los esposos cristianos nos encontramos en multitud de ocasiones en la situación del centurión. Tres lecciones para hoy: 1) Que nos sometamos a disciplina: Dirección espiritual, obediencia mutua, en definitiva obediencia a la voluntad de Dios. 2) Que con humildad reconozcamos la dignidad del esposo/a y aprendamos a admirarle participando de la mirada de Jesús. 3) Que no creamos que Dios está, pero lejos. No olvidemos que murió en una cruz con los brazos abiertos, quedándose con nosotros cada día en la Santa Eucaristía.

Él interviene en nuestras cosas del día a día: En nuestras dificultades, en el trabajo, en la salud… y cómo no, en la construcción de nuestra comunión. Es real. El centurión, no lleva al enfermo ante Jesús. Lo considera innecesario. A veces damos demasiada importancia a lo que hacemos nosotros porque en el fondo, tenemos más confianza en nuestros actos que en los de Dios a través de la oración. Jesús sigue con los brazos abiertos esperándonos para sanarnos.

Madre permítenos estar a tu lado en este tiempo de espera de la venida de Jesús, para que cuando nazca, la acojamos con tanta fuerza como tú y nos hagamos uno con Él, como vosotros.

Oramos por los frutos del sínodo de la familia:
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¡Fuera desesperanza! Comentario del Evangelio para Matrimonios: Marcos 13,33-37

EVANGELIO
Velad, pues no sabéis cuándo vendrá el dueño de la casa

Lectura del santo evangelio según san Marcos 13,33-37
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
– «Mirad, vigilad: pues no sabéis cuándo es el momento.
Es igual que un hombre que se fue de viaje y dejó su casa, y dio a cada uno de sus criados su tarea, encargando al portero que velara.
Velad entonces, pues no sabéis cuándo vendrá el dueño de la casa, si al atardecer, o a medianoche, o al canto del gallo, o al amanecer; no sea que venga inesperadamente y os encuentre dormidos.
Lo que os digo a vosotros lo digo a todos: ¡Velad!»

Palabra del Señor.

¡Fuera desesperanza!

Todos los matrimonios hemos sido llamados a la Santidad, y no nos lo creemos. El mayor problema de muchos matrimonios de fe es la falta de esperanza. Lo que nos dicen es que es muy difícil, que poco a poco… a su ritmo. Además tienden a pensar que el otro no responde como debería, y eso lo hace imposible.

Falta de esperanza. No entienden que no son ellos quienes lo hacen, ¡es el Señor!. Por tanto, avanzaremos al ritmo del Señor, no al nuestro. San Pablo en la primera lectura nos sorprende con la siguiente afirmación: “De hecho, no carecéis de ningún don, vosotros que aguardáis la manifestación de nuestro Señor Jesucristo” (1 Cor 1, 8). Impresionante. Que se nos grabe en la cabeza y en el corazón: “NO CARECÉIS DE NINGÚN DON”. No falta que vuestro marido o vuestra esposa se convierta, o que dejéis de ser tan orgulloso o, ¡atención, no nos falta tiempo!. Tenemos todo lo que necesitamos para ser santos en nuestro matrimonio.

Lo vemos como algo tan inalcanzable… nos hemos desengañado. ¿Por qué no hemos conseguido avanzar lo suficiente? Precisamente porque hemos creído que lo conseguiríamos con nuestros esfuerzos. Esa es justo la buena noticia, que no somos nosotros, es Dios quien lo hace. Nuestro matrimonio es algo tan GRANDE que es imposible para nosotros. Nos supera. Pero nos dice San Pablo: “Dios os llamó a participar en la vida de su Hijo, Jesucristo, Señor nuestro. ¡Y él es fiel!”. ¿Por qué dudamos que Él nos hará matrimonios santos?.

Entonces ¿Tenemos que quedarnos esperando a que Dios lo haga? No. Jesús nos dice “Vigilad” no es para unos pocos, sacerdotes o monjas, nos lo dice a todos. No sea que cuando llegue inesperadamente nos encuentre dormidos. Es ese ansia de Dios en el corazón la que nos mueve, no depende de falta de cualidades o dones. Aprovechemos que hoy empieza el Adviento para convertirnos. Dice la primera lectura: “jamás oído oyó ni ojo vio un Dios, fuera de ti que hiciera tanto por el que espera en él”. Y esa es la clave, esperar en Él. Estar seguros que lo hará.

Invoquemos su nombre. Vayamos a diario a la Eucaristía, para pedirle una y otra vez al Esposo que haga nuestro matrimonio a imitación del Suyo. Alabémosle cuando el sacerdote lo eleva en la consagración. Ahí está el maestro Esposo. Pidámosle, encomendémonos a Él. Vayamos juntos, oremos juntos, leamos juntos y pidámosle incesantemente por nuestra unión conyugal. Él nos quiere santos.

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De embotados a enamorados. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Lucas 21, 34-36

EVANGELIO
Estad siempre despiertos, para escapar de todo lo que está por venir

Lectura del santo evangelio según san Lucas 21, 34-36
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
-«Tened cuidado: no se os embote la mente con el vicio, la bebida y los agobios de la vida, y se os eche encima de repente aquel día; porque caerá como un lazo sobre todos los habitantes de la tierra.
Estad siempre despiertos, pidiendo fuerza para escapar de todo lo que está por venir y manteneros en pie ante el Hijo del hombre.»

Palabra del Señor.

De embotados a enamorados.

Dios nos lo da todo, también el tiempo, con el propósito de que lo utilicemos para volver a Él.
Nuestro camino para llegar a Él es el matrimonio. Por tanto, tenemos que orientarlo todo en este sentido para llegar a la meta. Pero suele ocurrir que la vida nos despista. Llegan los caprichos, las comodidades… y tantas cosas que hacer! Llegan los agobios de la vida que nos embotan la cabeza y nos impiden centrar nuestros esfuerzos en lo importante. Nos quedamos sin tiempo para alimentar nuestro matrimonio y nuestra relación con Dios, nos quedamos sin el tiempo que Dios nos dio.

El Señor nos anima a que estemos siempre despiertos y que pidamos fuerza.
Hoy, como todos los días, hacemos en este rato de oración un hueco en nuestros quehaceres, para pedirle a nuestra Madre que interceda por nuestros matrimonios, para que el Señor nos envíe fuerzas para apartar todo esto que embota nuestra mente y como esposos, nos mantengamos en pie ante el Esposo.

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La prueba irrefutable. Lectura del santo evangelio según san Lucas 21, 29-33

EVANGELIO
Cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que está cerca el reino de Dios

Lectura del santo evangelio según san Lucas 21, 29-33
En aquel tiempo, expuso Jesús una parábola a sus discípulos:
-«Fijaos en la higuera o en cualquier árbol: cuando echan brotes, os basta verlos para saber que el verano está cerca.
Pues, cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que está cerca el reino de Dios. Os aseguro que antes que pase esta generación todo eso se cumplirá. El cielo y la tierra pasarán, mis palabras no pasarán.»

Palabra del Señor.

(Nota: Mañana no podremos publicar el comentario del Evangelio porque estaremos de peregrinación en Fátima (sin acceso a internet) hasta el domingo con un grupo de familias. Pedirle a María Santísima por los frutos de esta peregrinación).

La prueba irrefutable.

Un conocido nos planteaba que por qué el Señor no viene y se presenta delante de todos, y hace un gran milagro para que todo el mundo crea. Le contestamos que el Señor no es así, porque Dios es amor y el amor no actúa de esa manera.

El amor no apabulla, no es llamativo ni coarta la libertad del amado con grandes aspavientos. Dios es amor y vino al mundo, y la señal era “un niño envuelto en pañales recostado en un pesebre”. Sólo se puede amar desde la humildad, desde la humillación de uno mismo. Lo malo de las grandes estrellas es que todo lo que les rodea queda en sombra, porque brillan tanto… Dios no es así.

Es habitual en el mundo de la fe, hablar sobre el testimonio de conversión. Qué te hizo creer. Cristo dice hablando de los árboles: “cuando echan brotes, os basta verlos para saber que el verano está cerca”. Pues eso. Cuando caminas según el Evangelio y ves que cambia tu vida, es que Dios está cerca. No lo ves, pero experimentas los brotes en tu vida. Esa fe (recibida como don del Espíritu), no te la quita ya nadie.

Hoy queremos hacer con vosotros una apuesta. Si todos los días rezáis juntos, si al menos una vez al mes dedicáis un par de horas a trabajar temas del magisterio de la Iglesia sobre el matrimonio y si vivís los sacramentos: Confesión cada 15 días, Eucaristía (Cuanto más mejor, a ser posible –que lo es- diariamente) y acudir al Sacramento del Matrimonio que se reaviva esforzándose todos los días por la entrega mutua: “Yo me entrego a ti, en las alegrías y en las penas todos los días de mi vida; si hacéis esas tres cosas, vuestro matrimonio irá siempre a mejor ¿Alguien apuesta?.

Si veis los frutos en vosotros, sabréis que Dios está cerca.

Oramos por los frutos del sínodo de la familia:
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El Apocalipsis llega también al matrimonio. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Lucas 21, 20-28

EVANGELIO
Jerusalén será pisoteada por los gentiles, hasta que a los gentiles les llegue su hora

Lectura del santo evangelio según san Lucas 21, 20-28
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
-«Cuando veáis a Jerusalén sitiada por ejércitos, sabed que está cerca su destrucción.
Entonces, los que estén en Judea, que huyan a la sierra; los que estén en la ciudad, que se alejen; los que estén en el campo, que no entren en la ciudad; porque serán días de venganza en que se cumplirá todo lo que está escrito.
¡Ay de las que estén encinta o criando en aquellos días!
Porque habrá angustia tremenda en esta tierra y un castigo para este pueblo.
Caerán a filo de espada, los llevarán cautivos a todas las naciones, Jerusalén será pisoteada por los gentiles, hasta que a los gentiles les llegue su hora.
Habrá signos en el sol y la luna y las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, enloquecidas por el estruendo del mar y el oleaje. Los hombres quedarán sin aliento por el miedo y la ansiedad ante lo que se le viene encima al mundo, pues los astros se tambalearán.
Entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube, con gran poder y majestad.
Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación.»

Palabra del Señor.

El Apocalipsis llega también al matrimonio.

El Papa Francisco compara este Evangelio con la situación que vivimos en la actualidad. Nuestra fe está “sitiada”, porque no está permitido hablar de Dios. Los signos religiosos se eliminan por obediencia a los poderes mundanos. Este es, según el Papa, el centro de este fin. Entonces vendrá Él: “Y verán al Hijo del hombre venir sobre una nube con gran poder y gloria”, termina diciendo el Pontífice en su homilía del 28/11/13.

En el matrimonio para un poco igual. Parece que cuando se habla a los novios de su vocación, no se debe hablar mucho de Dios, para no espantarlos. O cuando hablamos del matrimonio a unos esposos cuya relación está en un punto crítico o al menos bastante deteriorada, parece que no se recomienda hablarles de Dios. La pregunta es ¿Entonces de qué hablamos?. Si nuestra vocación es una llamada de Dios al amor, si nuestro matrimonio es una relación de comunión a imagen de la de la Santísisma Trinidad, si estamos llamados a vivir entre los esposos la misma caridad de Cristo que se dona sobre la cruz, ¿Cómo hablar del matrimonio sin hablar de Dios?.

El matrimonio está también “sitiado”. Ha sido pisoteado por los poderes de este mundo y se ha mundanizado. Hay angustia en la gente, algunos van medio enloquecidos sin saber ni a dónde se dirigen, se tambalean todos los principios, las referencias que un día parecían inamovibles… hay miedo y ansiedad ¿No es cierto?.

Pero no debemos caer en la desesperanza. Al contrario: “Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación”. Nuestro sacramento del matrimonio sigue recibiendo al Señor que viene a nuestro compromiso todos los días, para dignificarlo como lo que es, a imagen de Dios mismo. Nos sentimos orgullosos de responder a una vocación tan GRANDE. No nos vamos a conformar con menos.

Rogamos a María Santísima por todos los esposos que no han descubierto esa grandeza, y por aquellos cuya relación está en crisis o se ha roto, para que el Señor acuda en su ayuda y los cargue sobre sus hombros. A ellos nos envía, porque conoce su sufrimiento. El Señor es el Hijo del hombre que viene con todo el poder y toda la gloria.

Oramos por los frutos del sínodo de la familia:
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