Archivo por días: 14 septiembre, 2014

El Proyecto de María. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Juan 19, 25-27

El Proyecto de María.

Según la hermenéutica del don, para que el don se dé es necesario que alguien lo reciba. Cristo se dona en la cruz y era necesario que alguien estuviese allí para recoger ese don de amor plena y perfectamente. Ella es María, Madre de la Iglesia, que recoge perfectamente la entrega del Esposo y recibe su sacrificio como don de salvación para su Esposa la Iglesia a la que ella representa.

María fue corredentora con Jesús, por su sí a la encarnación y porque estuvo a los pies de la Cruz. Ella participa de la entrega de su Hijo al mundo. Lo recibió como un don y lo entrega ahora como un don. Nosotros lo recibimos y como María, tenemos que entregarlo. Tenemos que convertirnos también en corredentores de Cristo ¿Cómo? Estando a los pies de la cruz de nuestro esposo, participando con él/ella y convirtiendo ese sufrimiento en una entrega por amor a otros, para que así, el don que recibimos de María llegue a nuestro esposo y a muchos más matrimonios. Como dice en el Catecismo (Nº 1521 La unión a la Pasión de Cristo) “El sufrimiento, secuela del pecado original, recibe un sentido nuevo, viene a ser participación en la obra salvífica de Jesús.” Los esposos uniendo nuestro sufrimiento a la Pasión de Cristo, somos corredentores el uno del otro: (Los esposos) “al cumplir su misión conyugal y familiar, imbuidos del Espíritu de Cristo, que satura toda su vida de fe, esperanza y caridad, llegan cada vez más a su propia perfección y a su mutua santificación (Gaudium et Spes, n° 48).

Retomamos la escena del Evangelio, con unas palabras de San Ambrosio: ‘”He aquí tu hijo”. “He aquí a tu Madre”. Cristo testaba desde la cruz y repartía entre su Madre y su discípulo los deberes de su cariño. …Rico testamento, no de dinero, sino de vida eterna’. Cristo lo dona todo, incluso a su Madre la comparte con nosotros. Bendito don para la vida eterna. A través de Ella vino la Salvación y a través de Ella llegaremos nosotros al Salvador.

Ella inició este Proyecto de Amor Conyugal, porque quiere llevarnos a Él. Ella conoce el camino, trae al Señor a nuestra familia, y además aprendió viendo a su Hijo desposarse con la Iglesia, ella nos guía. Nos puso en el camino a San Juan Pablo II, el Papa de la familia, el gran devoto de Nuestra Señora de Fátima, quien le salvó de la muerte un 13 de mayo. Ella nos convirtió. Nos puso al papa del “Totus Tuus” Todos tuyos, María. Seguimos su camino. No es casualidad, Ella va marcando el rumbo, es nuestra estrella, nuestra guía de Proyecto Amor Conyugal.

Damos gracias a Cristo por este inmenso don de nuestra Madre.

Oramos hoy con la preciosa secuencia:
Por los pecados del mundo, vio a Jesús en tan profundo tormento la dulce Madre. Vio morir al Hijo amado, que rindió desamparado el espíritu a su Padre.
¡ Oh dulce fuente de amor!, hazme sentir tu dolor para que llore contigo. Y que, por mi Cristo amado, mi corazón abrasado más viva en él que conmigo.

Exaltar la cruz sin Cristo es de cínicos. Comentario del Evangelio para Matrimonios: Juan 3, 13-17

Exaltar la cruz sin Cristo es de cínicos.

Exaltar la Santa Cruz no dejaría de ser un cinismo si no fuera porque allí cuelga el Crucificado (Evangeli.net). A nadie le gusta sufrir, pero el que no une el amor a Cristo con la cruz, nunca la entenderá, nunca dará fruto, no encontrará amor en ella y nunca resucitará ni dará vida con su sufrimiento.

La cruz no es una condición que me pone Dios. Él no me dice: Si quieres llegar al cielo, tienes que cargar unos años con la cruz, no. Dios me regala el cielo, pero no se puede entrar si no se sabe manejar la cruz. El centro de la doctrina de Cristo no es el dolor, sino el mandamiento del amor. El amor matrimonial y el amor a los hijos, nos pueden ayudar a entender este punto. Un esposo no se sacrifica primero y después ama al cónyuge, por el contrario, es el amor lo que mueve a renunciar al propio gusto y aceptar el modo de ser del amado. Una madre no sufre primero las incomodidades del embarazo y dolores del parto, se levanta en la noche a dar de comer al bebé, y una vez superados estos sufrimientos comienza a amarle. Es el amor de madre lo que mueve a sobrellevar las molestias. No se da primero el sacrificio para después amar. Porque amo y quiero el bien del amado, estoy dispuesto a renunciar al propio bien. Esto es la cruz.

En consecuencia, solo el que ama a Dios y desea entregarse a Él, toma la cruz como lo más normal del amor. En cambio, el que ve la cruz como una condición para amar a Dios, no le queda más remedio que “soportar” con paciencia las pequeñas o grandes tribulaciones.

Circula por internet (en evangeli.net y otros) la historia de un pueblo de Croacia en el que no hay constancia de ningún divorcio entre sus más de 24.000 habitantes. Los novios en el momento de su boda, juntan sus manos sobre la cruz. Esa cruz se la llevan a casa y lloran sobre ella sus sufrimientos, pero no se separan de ella, porque saben que la cruz es el símbolo de la alianza entre Dios y el hombre, entre Cristo y la Iglesia y por tanto, entre los esposos. En la alianza de los esposos permanece vigente la cruz, pero esa cruz no la llevan ellos, sino que la lleva Cristo. Cada sufrimiento, cada dolor, saben que es el Señor quien cargó, quien carga con él y no ellos. A los esposos solamente nos toca confiar.

No es la cruz el centro de nuestra unión, sino el amor. No es la cruz la que nos une al Señor, sino el amor. Él comparte su cruz con nosotros por amor, pero no lo olvidemos. Es Sú cruz. Así que fuera quejas y ¡A darle gloria!. Exaltemos hoy la cruz de Cristo.

Hoy oramos con la bellísima lectura de San Pablo a los Filipenses: Cristo, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios; al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos. Y así, actuando como un hombre cualquiera, se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz. Por eso Dios lo levantó sobre todo y le concedió el «Nombre-sobre-todo-nombre»; de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra…

¡Gloria a Ti por siempre, Señor!