Archivo por días: 7 septiembre, 2014

La corrección entre Esposos. Comentario Evangelio para Matrimonios: Mateo 18, 15-20

La corrección entre Esposos.

Los esposos tenemos normalmente el terrible “vicio” de corregirnos constantemente el uno al otro. A veces en voz alta, a veces lo pensamos en nuestro interior. Es una fea costumbre que no ayuda al bien común, ni a ver lo bello y lo bueno del esposo/a, ni siquiera a mejorar nuestra relación o cualquier tipo de bien común. Varios problemas con este tipo de actitudes:

– Juzgamos la manera de actuar del otro desde nuestro criterio. ¿Estamos seguros al 100% de que coincide con el criterio de Dios?
– Normalmente buscamos en la corrección nuestro propio beneficio, aunque sólo sea salirnos con la nuestra.
– Las formas no suelen ser las adecuadas. Digamos que la delicadeza no abunda en estas circunstancias.
– A veces nosotros mismos hacemos cosas peores y probablemente no somos conscientes de ello. O puede ocurrir que nuestra exigencia con el esposo (genérico) sea muy alta y en cambio en nuestras acciones haya cierta relajación.
– No hacemos como Cristo, ofrecer: Si quieres… Dejamos poco margen a la libertad personal.
– Guardamos el histórico de veces que hemos realizado esa misma corrección.
– El orgullo suele estar bastante presente: Ej. Si algún día se da cuenta de su falta, nos puede incluso dar cierto coraje de que lo haya descubierto a través de otro “después de la cantidad de veces que se lo he dicho”…

Es decir, nuestro modelo de corrección deja bastante que desear. San Agustín nos dice a este respecto: «Debemos pues, corregir por amor; no con deseos de hacer daño, sino con la cariñosa intención de lograr su enmienda… ¿Por qué le corriges? ¿Por qué te ha molestado ser ofendido por él? No lo quiera Dios. Si lo haces por amor propio, nada haces» (Sermón 82)

Sin embargo, el cristiano está obligado a realizar la corrección fraterna. Dice también San Agustín: «Si le dejas estar, peor eres tú; él ha cometido un pecado y con el pecado se ha herido a sí mismo; ¿no te importan las heridas de tu hermano? Le ves perecer o que ha perecido, ¿y te encoges de hombros? Peor eres tú callando que él faltando» (Sermón 82).

La primera pauta a seguir, es que la Corrección Fraterna es inseparable de la Caridad, y ya lo decía San Pablo: «Aunque hablara la lengua de los hombres y de los ángeles, si no tengo caridad, soy como bronce que suena o címbalo que retiñe… Por tanto, sin Caridad, no es posible la corrección. Simplemente, no sirve.

¿Qué idea nos debe mover a corregir al esposo?

En primer lugar, porque somos co-redentores el uno del otro. A imitación de Cristo Esposo, tenemos la obligación de entregarnos por nuestro esposo (genérico) para su salvación, para su santificación. Si mi esposo (genérico) se está desviando del camino hacia Dios ¿No voy a hacer nada?. Por otra parte, por designio divino, soy su “ayuda semejante a él/ella” y eso me compromete, me obliga.

En segundo lugar, porque nos une más: ‘He aquí por qué el Señor, después de haber sancionado como obligatoria la corrección fraterna, añade: «Si te escucha, habrás ganado a tu hermano.» Pues, en efecto, es muy cierto que del escuchar en estas circunstancias surge siempre una viva y cristiana amistad, o se consolida y se hace todavía más profunda y auténtica la amistad ya existente. Las advertencias escuchadas, aceptadas y agradecidas son siempre vínculos de unión para toda amistad que se levante al nivel de la amistad cristiana. Ganar y ser ganados de este modo por los demás significa hacer sentir el soplo del espíritu evangélico en nuestras relaciones y en nuestras amistades.’ (Catholic.net)

La tentación puede ser la de “no desagradar”. ‘Pensemos que el deber de la corrección fraterna nos recuerda que no siempre el miedo de desagradar a los demás es cosa buena. … es elevado el número de los que ven a sus amigos en el error o en el pecado, o a punto de caer en uno o en otro, …y no mueven un dedo para evitarles estos males. ¿Concederíamos a quienes de tal modo se portasen con nosotros, el título de amigos? Ciertamente, no. Y, sin embargo, suelen hacerlo para no desagradarnos. «Por no desagradar» se pueden ocasionar así a los amigos -a nuestro prójimo- auténticos males…’

Por un lado puede que no le digamos a la cara sus faltas por no desagradarle y por otro, puede ser que con mucha facilidad le critiquemos en nuestro interior o delante de otros, o incluso que se lo digamos con saña en una discusión, signos evidentes de que lo de «no desagradar» al interesado es una tentación que nos impide hacerle un bien.

Algunas recomendaciones para realizar la corrección adecuadamente, pueden ser:
– El que realiza la corrección debe considerar, con humildad su propia indignidad, reconociéndose pecador en la presencia de Dios y hacer examen sobre sus propias faltas. Recordar que actuamos no en nuestro propio nombre, sino en nombre de Dios: Representando el Auxilio que Dios Padre es para el esposo.
– Antes de realizar una corrección, por tanto, conviene pedirle luces al Espíritu de Dios para encontrar el mejor modo de llevarla a cabo.
– Que la falta revista la gravedad suficiente como para que deba realizarse la corrección. Una corrección constante pierde su efectividad y además no es a lo que estamos llamados.

¿Y si el/la corregido/a soy yo?
Si nos han corregido y nos ha parecido «intolerable» lo que nos han dicho, quizá sea conveniente meditar en las palabras anteriores de San Cirilo: «La reprensión, que hace mejorar a los humildes, suele parecer intolerable a los soberbios» (Catena Aurea, vol. VI)

Recibiendo la corrección recibimos un tesoro: Si escuchamos a los demás cuando vengan a nosotros movidos por ese espíritu evangélico, por esa caridad cristiana, ejercitaremos, sobre todo, la virtud de la humildad, pues ninguna otra virtud dispone la mente como ésta para conocer la verdad y el corazón para recibir la paz. Y con la verdad y con la paz nos será más fácil enderezar, con la ayuda de Dios, nuestros senderos, y allanar el camino de nuestra vida moral. De tales disposiciones interiores aflorará muy pronto un sentimiento de viva gratitud hacia aquel hermano nuestro que toma tan a pecho nuestros problemas y la rectitud de nuestra vida; con lo que surgirán nuevos vínculos para una nueva amistad, hecha de leal sinceridad y de gratitud cordial.

Por último, una reflexión: ‘Si nos fuese dado ver el alma de aquel que, siguiendo la palabra de Cristo, cumple el deber de la corrección fraterna, quedaríamos conquistados por la grandeza y por la armonía de los sentimientos que en aquel momento ocupan su corazón, cuando se dispone a satisfacer el dulce mandato de la caridad fraterna. En aquel alma podríamos leer la firme delicadeza de la caridad, la limpia profundidad de una amistad que no retrocede ante un deber que ha de cumplirse, y la fortaleza cristiana, que es sólida virtud cardinal.’ (evangeli.net)

Si queréis leer algo más sobre el tema, os dejamos este link de evangeli.net, de donde hemos seleccionado varias ideas y copiado algunos párrafos:
http://www.es.catholic.net/temacontrovertido/331/1607/articulo.php?id=6675

Oramos con el salmo: Venid, aclamemos al Señor, demos vítores a la Roca que nos salva; entremos a su presencia dándole gracias, aclamándolo con cantos.